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EMPIEZA LA FERIA DE SAN ISIDRO

Joselito, casi un niño, confirmará la alternativa

Los mejores toreros protagonizarán el acontecimiento de la temporada, que comprende 23 festejos

La feria de San Isidro, el acontecimiento taurino más importante de la temporada, da comienzo a las siete en punto de la tarde en la plaza de toros de Las Ventas, de Madrid. Un veterano, Dámaso González, de 38 años, será el telonero de un abono de 23 festejos en el que van a participar 46 toreros entre espadas de alternativa, novilleros y rejoneadores. Pero los hay de más edad y veteranía, como Curro Romero, cincuentón, 27 temporadas de matador, que es el decano de los diestros de la feria. Y este año se presenta también el más joven de los matadores de la historia contemporánea del toreo, Joselito, con 16 años y sólo unas semanas en el escalafón de los doctorados en tauromaquia.

Un cartel sorprendente, auténticamente inimaginable hace apenas un mes, figura en la feria de San Isidro, que se abre esta tarde: Curro Romero, el más veterano de los matadores, confirmará la alternativa a un niño, Joselito, que a sus 16 años es el más joven de los diestros de alternativa que haya conocido la historia contemporánea de la tauromaquia. Paco Ojeda, que alterna con ellos, contribuye a que la expectación por la corrida sea máxima y, desde que se pusieron a la venta los boletos, todo el mundo quiere verla.

Pero quiere ver también la de los Victorino, como siempre, y este año con más razón que nunca, pues Ruiz Miguel, experto victorinicida, va a lidiar entera la corrida. Y quiere ver a Esplá y a Ortega Cano -diestros mediterráneos ambos, curiosa coincidencia-, pues son toreros, de alguna forma hechos en Madrid, desde donde han sido lanzados a la fama.

Y al Niño de la Capea, triunfador el año anterior, con Manzanares, cuya proclamada finura parece haber alcanzado el más espirituoso momento de su larga carrera profesional. Y a Pepe Luis Vázquez, que maravilló en la pasada feria de otoño con un toreo a la vez clásico e inspirado. Y a Pepín Jiménez, el lorquino, estilista muy personal en la interpretación de las suertes. Y a Curro Vázquez, torero predilecto de la afición madrileña, a la que llenó los paladares de dulzuras toreras hace un par de meses.

Jóvenes espadas

Llegan, sin embargo, aires de renovación, fragante frescura, a la feria de San Isidro, merced a la entrada de jóvenes espadas. Alguno de ellos tras una espera injusta, por demasiado larga; otros, tan nuevos que en la propia feria van a salir del cascarón de su novillería. Lucio Sandín es de aquéllos; José Antonio Carretero, de éstos. Hay un cartel que reúne a tres de las jóvenes promesas, Juan Mora, Joselito, Carretero, y a ver qué pasa.

Los aficionados puristas, aun complacidos con estas combinaciones de toreros, tuercen en cambio el gesto en cuanto se les habla, de ganaderías. Está Victorino, sí, pero Miura no, pues declina venir a Madrid; ¿y no decían que Manuel Chopera, gestor renovado de Las Ventas, es un empresario poderoso y por eso sigue al frente de la plaza? Tampoco están los encastados toro! de Hernández Pla, o los de Torrestrella, o los de Juan Pedro Domecq.

Tampoco es como para mesarse los cabellos, por supuesto, aunque el público ya empieza la feria de mal talante, no tanto por esas ausencias como por los quebraderós de cabeza que les ha costado o les costará conseguir entradas.

La ley del embudo se reproduce en la venta de localidades: lo estrecho para las taquillas oficiales, pocas y mal atendidas, adonde cuesta horas llega¡, y cuando, se llega apenas queda nada que merezca la pena; lo ancho para las taquillas de las reventas autorizadas, numerosas y bien atendidas, a escasos metros de las otras, y para multitud de revendedores que van lorrados de entradas y las ofrecen por entre las colas y ante las barbas de empresarios, taquilleros y agentes de la autoridad.

La Comunidad de Madrid tiene la mayor parte de responsabilidad en este absurdo, que roza el atropello: cuando sacó a concurso la plaza pidió a los concursantes soluciones para acabar con el escándalo de la reventa, y se la adjudicó al único que no ofreció ninguna. Y ahora, adjudicatario y Comunidad van al 50% del negocio de Las Ventas. ¡Le digo a usté, señor guardia...!

Quienes quieran y puedan estarán hoy en el coso para ver la corrida inaugural, con toros de Torrealta, divisa triunfadora en la feria de 1985, lidiados por Dámaso González, de Albacete; Tomás Campuzano, de Gerena (Sevilla), y Víctor Mendes, de Portugal. Y cuando acabe el festejo sólo faltarán 22. Lo cual no deja de ser un alivio.

Los ausentes

Once de los diestros que participaron en la feria de 1985 no lo harán este año. Tres de estas ausencias son irremediables, por muy distintos motivos: Antoñete, ídolo de Madrid, ya retirado; Palomo, que también se cortó la coleta, y Yiyo, a quien un toro partió el corazón aún hace sólo nueve meses. Los restantes no han sido contratados; así de sencillo. Son Lázaro Carmona, Manuel Cascales, Manólo Cortés, Roberto Domínguez, Jaime Malaver, Rafael de Paula, Luis Reina y Pepe Luis Vargas.

Novedades en esta feria, porque no actuaron en la de 1985, son Paco Alcalde, Carretero, Galloso, Dámaso González, Manili, Juan Mora, Paco Ojeda, Lucio Sandín y Manolo Montoliú. Éste último, que confirma la alternativa mañana, es otro de los atractivos de los carteles, pues hasta la temporada última fue banderillero de categoría reconocida por todos los públicos.

Desde hoy hasta el 1 de junio Las Ventas será la oficina de miles de aficionados. Se ficha a las siete, y la hora de salida ni se sabe. Muchos ya se han despedido de la familia hasta el mes que viene. Un niño confirma la alternativa, Ruiz Miguel lidia los Victorino, a Curro ya le toca hacer algo..., entre otros acontecimientos que se avecinan. Demasiados. Al regreso van a necesitar otro mes para contarlos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de mayo de 1986