La coherencia de la Semana de Música Religiosa de Cuenca

La reina Sofía llegó el martes, pasado a Cuenca en compañía, del príncipe Felipe y de su hermana la princesa Irene, para asistir a la audición de La Pasión según san Mateo, de Bach. El día era muy frío, y la fuerte ventisca depositaba la nieve en los barrancos. Pero la reina Sofía no dudó en comparecer en este primer programa especial dentro de una muy excepcional Semana de Música Religiosa de Cuenca, que este año cumplió el 25º aniversario de su fundación (véase EL PAÍS de ayer) y el contenido de cuyo programa refleja siempre una gran coherencia.El acontecimiento no era para menos: escuchar un Bach con clara voluntad de acercamiento a las fuentes (instrumental y estilísiticamente hablando), garantizado por un grupo prestigioso, la Chapelle Royale. Fue una versión de enorme nitidez y auténtico sabor barroco, acaso un poco afrancesada en el estilo.

El director de la Chapelle, Philippe Herreweghe, es hombre especializado en lo coral, y esto fue lo más valioso de su visión severa de Bach. Junto a los coros de Herreweghe, la escolanía de César Sánchez y un buen sexteto de voces solistas, en el que merece destacarse el tenor John Elwes, fueron artífices de lo que será sin duda uno de los grandes éxitos de la presente edición de la Semana.

Esta había comenzado el día 23 con un concierto polifónico del Ensemble Vocal de la Chapelle Royale, que cantó obras de Palestrina y de Orlando di Lasso, y tuvo el lunes la actuación de la Orquesta Europea de Cámara que dirige Walter Weller.

El día 26 la Chapelle Royale desarrolló un hermoso programa barroco-francés, en el cual se pudo oír por vez primera en España el recientemente recuperado Réquiem de André Carppra (1660-1744), pieza de fuertes contrastes, de acentuado claroscuro y dramatismo, a la que no es difícil augurar su implantación en el repertorio de todo el mundo.

Repertorio infrecuente

La soprano Lynda Russell, con el pianista Andrev Ball, ofreció el día 27, en la iglesia de San Miguel, un recital de lieder religiosos. Repertorio infrecuente, muy bien seleccionado -Purcell, Frescobaldi, Stradella, Rubbra, Barber y otros-, permitió apreciar la buenísima escuela y la musicalidad de esta soprano británica de carrera internacional desde que ganara el premio Kathleen Ferrier en 1977.Por la tarde, en la antigua iglesia de San Pablo, la Orquesta Ciudad de Barcelona, dirigida, por Antoni Ros Marbá, repusó tres obras maestras de la música española contemporánea, nacidas por encargo de las Semanas conquenses: De Profundis, de Óscar Esplá, Cinco invocaciones al Crucificado, de Xavier Montsalvatge, e Improperios, de Mompou.

Su escucha, en versiones tan atentas como cuidadas por la fina sensibilidad de Ros Marbá (que contó con un coro preparado y flexible, la Coral Carmina, que dirige Jordi Casas), volvió a confirmar la impresión de hallarnos ante tres composiciones ya instauradas en el mejor repertorio español de nuestra época.

Los conciertos de la Semana mantienen su nunca perdida, coherencia de contenido.

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