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Jacques Lecoq: "Lo que yo tengo no es teatro, sino pedagogía"

El mimo francés ofrece hoy su espectáculo en Madrid

El dramaturgo francés Jacques Lecoq viene por primera vez a Madrid. Hoy, en una función única, ofrece su lección-espectáculo Toute bouche en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, dentro de los Encuentros Hispano-franceses de Teatro, que comienzan esta tarde. Lecoq es un mimo reconocido como uno de los mejores formadores de actores del mundo y confiesa: "Lo que yo tengo no es teatro, sino pedagogía".

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Lecoq llegó al teatro, como actor, en 1945, momento en el que descubrió el juego de la máscara y puso en práctica un método de formación de actores. Antes fue profesor de educación física y deportes y rehabilitó a personas afectadas por parálisis. Años después, en 1956, fundó su Escuela Internacional de Mimo y de Teatro, cuya dirección alternó con sus clases de arquitectura. Lecoq considera la mímica como "la escuela del actor" y al actor como "un autor que debe encontrar su propio estilo".Su escuela privada se diferencia fundamentalmente de otras de similares características en que Lecoq nunca ha separado el mimo del teatro. Parte siempre para sus enseñanzas de la indagación en el movimiento. Un movimiento que para él no es sólo algo físico, ya que también se sumerge en el movimiento del pensamiento, de las ideas.

En la escuela Jacques Lecoq se ha creado el Laboratorio de Estudio del Movimiento (LEM), consagrado especialmente a la búsqueda dinámica del espacio y del ritmo a través de la representación plástica.

La búsqueda de Lecoq siempre gira en torno al reencuentro del movimiento dentro de sus propias leyes. Él lo expresa casi de forma poética: "El hombre, a partir de sus impresiones inmediatas, necesita fijar el movimiento en una serie de actitudes, para aprehenderlo mejor. Elige estas actitudes en los momentos más elocuentes, pero, insatisfecho, o tal vez deseándolo, va buscando otras formas más secretas. De este modo, poco a poco, va penetrando el movimiento en su profundidad en busca de la permanencia".

Reencuentro

Para Lecoq, hoy se está produciendo un fenómeno, cuyos inicios él sitúa en 1968, por el que el mimo está haciendo explosionar un reencuentro con el teatro. "Es la aparición de un teatro donde la imagen y el gesto toman un papel fundamental, más importante que el que se da a partir del teatro de texto. Es un teatro ayer, basado sobre las imágenes, y eso es importante. Esta búsqueda, que a mí me llegó en 1972, es una mezcla de diferentes artes donde el mimo ha hecho su explosión. Hay grupos ahora, en el teatro que son mimos, cantan, bailan, hay un intercambio de lenguajes y de artes. Es un deseo de la juventud, con la que hay que estar en contacto para poder evolucionar, y en el teatro los jóvenes encuentran elementos de libertad que desarrollan".

Lecoq continúa su reflexión sobre un género del espectáculo al que ha dedicado toda una vida. "El mimo", dice, "se había separado de lo que era la esencia del teatro, convirtiéndose en un apartado del mismo. Su trabajo ha sido reencontrar el teatro, y el punto de partida para ello ha sido el silencio y el gesto. Con éstos se llega a la palabra, y con ello se evita el discurso que, de alguna forma, es la esclerosis misma del teatro, ya que el teatro se ha quedado allí parado".

Cuando a Jacques Lecoq se le habla de sus espectáculos, en la respuesta siempre aclara: "Yo no tengo espectáculo; subo a escena para ser un pedagogo". Y es en la escena donde surge esa amarga dulzura del humor de Lecoq, con el que humoriza a la hora de definirlo: "Él humor es no creer que todo lo que nos dicen es verdad; pero cuando lo digo es cierto, porque yo lo pienso".

El teatro-pedagogía de Lecoq no es para un determinado género teatral, sino para todos los estilos. "En mi escuela conviven 30 hacionalidades distintas y cada una tiene su propio teatro. Mi trabajo es reencontrar las raíces de donde parten estos estilos teatrales y sacarlos a la luz, hacerlos revivir. Yo estoy muy cercano a gente como Dario Fo o Arianne Mnouskine, con quienes puedo mantener ideas muy diferentes, pero en el fondo estamos unidos. La escuela es esto también. En un montaje tengo a un iraní, un iraquí, un libanés y un palestino, y actúan juntos. Se trabaja con cosas simples que mueven la vida, las pasiones, el vuelo de los pájaros, todo lo que pasa Es un redescubrimiento de las cosas más sencillas, y son estas cosas las que se desea que queden cuando se hacen los espectáculos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de febrero de 1986