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Tribuna:

Obando

Tienen razón los sandinistás a quejarse de la diferente óptica empleada para juzgar estados de sitio en Argentina o estados de emergencia en Nicaragua. La democracia de Alfonsín padece el jaque cotidiano del para poder militar, y el estado de sitio para defender la cirugía estética del proceso ha parecido justificable a todo el mundo. En cambio, la Nicaragua sandinista, hostigada por bandas armadas financiadas por una potencia ex tranjera, al parecer no tiene derecho a defenderse con leyes constitucionales de una subversión continuada que apunta a resultados evidentemente involucionistas. Los sandinistas son conscientes de que dificilmente el imperio emprenderá una operación bélica a gran escala al son de la marcha de las walkirias si no cuenta con un justificante interior que le sirva de coartada. El cardenal Obando se está ganando a pulso el papel de caballo de Troya que oculta bajo la sotana a los ejércitos invasores de Nicaragua. La beligerancia de que careció contra Somoza hasta que prácticamente el dictador era un cadáver político la está empleando ahora para una cruzada contra el sandinismo así en Nicaragua como en Miami. A Obando no le importa quién le acompañe en la cruzada y concelebra misas en Miami con un sacerdote pariente de Somoza y, además, coronel de la sangrienta guardia somocista.

Los contra utilizan un curioso tríptico iconográfico para demostrar ¡ajusticia natural y sobrenatural de su causa: Obando, Wojtyla y Cristo. Es evidente que Obando da el visto bueno a esa operación, que Wojtyla o deja hacer o respalda a Obando y, en cuanto a Cristo, se lo reparten los contra y el sandinismo cristiano, que es mucho. Obando provoca cada día, púlpito a púlpito, celebración a celebración, una reacción defensiva del Estado que le convierta en mártir y en definitivo abanderado de un alzamiento nacional contra el diablo. Somoza nunca fue un diablo para él. La barbarie somocísta le afectaba menos que la paciencia sandinista. Reagan confía en Obando y en las agencias internacionales de información que no conceden al sandinismo ni siquiera el beneficio de la duda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de noviembre de 1985