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Crítica:TEATRO
Crítica

Retrato de señora independiente

Un monólogo para actriz ilusirado con diálogos con otros personajes. Luba cuenta su vida a un clarinetista al que ha alquilado para que ponga música de fondo a la cena íntima con el hombre a quien espera. Idea, como se ve, descabellada, pero admisible en las premisas de la teatralidad. Cuenta el primer hombre de su vida, y aparece el muchacho, la escena de cómo le sedujo y la de cómo le despidió. Sigue contando, y se aparece otro hombre: el. casado, trabajador agobiado y olvidadizo, y también la escena del final. Cuenta más, y sale el tercer hombre. Y Luba sigue esperando la llegada de otro hombre. Todo está medido y calculado: retrato de señora moderna, independiente, que decide su sexualidad, diseñada para conectar con un público de señoras; fantoches masculinos despersonalizados para resaltar el retrato de señora según _la nueva moral de la burguesía ascendente; personajes divertidos. para reírse. El clarinetista justifica el monólogo, pero está para algo más que eso: para poner leves ilustraciones musicales de alivio del texto, cosa que hace muy bien Pablo Sorozábal.La realización española, en la versión suelta de lengua de Miguel Sierra y con la dirección con buen ritmo de Angel García Moreno, funciona bien. Es prácticamente inútil decir cómo se nideve y cómo habla Julia Gutiérrez Caba en esta clase de teatro: lo domina. Lo penetra de humanidad hasta donde no la hay. Los diálogos con sus compañeros son brillantes: Fernando Delgado da toda la comicidad blanda y egoísta del marido casero, y Joaquín Kremel, el despiste gracioso del ejecutivo sobrecargado de obligaciones, indeciso. Son tipos, y los hacen muy bien dentro de las leyes de la teatralidad. Antonio Vico representa al joven seducido de la trilogía. Todos se mueven cómodamente dentro del decorado amable y adecuado de Amadeo Sans.

Amantes

De Michael Christofer. Versión de Miguel Sierra. Intérpretes. Pablo Sorozábal, Julia Gutiérrez Caba, Antonio Vico, Joaquín Kremel y Fernando Delgado. Vestuario: Francisco Delgado. Escenografía: Amadeo, Sans. Dirección: Ángel García Moreno. Estreno, teatro de la Comedía, 4 de octubre de 1985.

Es inútil discutir o analizar la posible tesis de la obra de Míchael Christofer, desde que se percibe que su ambición es gustar a un público determinado, y su carpintería domina sobre todo. La idea de que la mujer contemporánea elige y es libre con respecto a su sexualidad y sus sentimientos, lo cual puede comportar una punta de soledad o insatisfacción, y la de que el hombre, al perder antiguos atributos sociales., se ha podido desnaturalizar odesorientar, pertenece a otro tipo de debate y otro ámbito. Esta obra está hecha para gustar a su público, para hacer reír con un leve costumbrismo irónico, y lo consigue; por sí misma y por la condición del trabajo realizado con ella.

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