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La ética y la tecnificación de la reproducción humana / 1

El acceso al dominio técnico de la reproducción humana no ha hecho más que empezar y está produciendo ya resultados espectaculares. Cada día aumentan las posibilidades de sustituir con ventaja procesos orgánicos defectuosos por procesos controlados por la acción técnica de los hombres. Parejas estériles que hasta ahora no podían tener hijos por los procedimientos normales han podido tenerlos y realizar así su paternidad y maternidad; los primeros estadios de la gestación humana van siendo conocidos cada vez con mayor precisión. Todo esto provoca admiración, con la que, en ocasiones, se mezclan ciertos temores. El vacío legal está provocando que legisladores y jueces de distintos países empiecen a ocuparse y preocuparse del modo de rellenar las lagunas legales. Primero fue la inseminación artificial, practicada clínicamente desde hace decenios. La revista Newsweek, en un reciente artículo, estimaba que ya han nacido alrededor de 250.000 niños por inseminación artificial de semen donado por hombres distintos del padre legal. Más recientemente se consiguió obtener óvulos en condición de ser fecundados. La fecundación extracorpórea en el laboratorio (in vitro) no constituye problema técnico especial, al decir de los expertos; más dificil resulta la implantación, lo que hace que se fecunden más embriones de los que en principio se piense implantar, y que se trate de aumentar las probabilidades de implantación introduciendo simultáneamente en el útero varios embriones . Las técnicas de congelación permiten conservar y almacenar el esperma, los óvulos y los mismos embriones en sus estadios iniciales, sin que tras la descongelación hayan padecido deterioro que impida su utilización y desarrollo en condiciones normales. El paso a la situación de laboratorio abre posibilidades y deseos de investigación y experimentación con embriones humanos, sobre todo en los primeros estadios.

Las nuevas técnicas están suponiendo un reto tanto para la reflexión ética como para la regulación jurídica. Están cayendo barreras que antes estábamos acostumbrados a considerar como inamovibles. Tendremos que ir haciéndonos a la idea de que, si hay algo de intocable en los procesos embrionarios, esta intocabilidd no es física ni biológica, sino a lo sumo ética, valoral. Será o no deseable, será o no éticamente responsable, pero ya no es en principio imposible sustituir algunos elementos que intervienen en la gestación de un ser humano. El mismo código genético está dejando de ser un santuario inaccesible a la manipulación técnica. Pero ésa es otra historia, de la que habrá que ocuparse en otra ocasión.

Fallos del aparato reproductor

Determinados fallos del aparato reproductor pueden ser suplidos por procesos extracorpóreos o por la contribución fragmentaria de alguna otra persona al proceso reproductor de una pareja. Ante esta novedad, la primera reacción es de gozo y euforia. La técnica se nos presenta como corrección y mejora de los procesos orgánicos. El ethos médico tiene aquí una de sus componentes fundamentales, y la admiración social entronca fácilmente con él. Pero cabe también una reacción atemorizada. La misma técnica puede desprenderse del uso terapéutico y puede ser puesta al servicio de fines problemáticos. Tratándose del hombre, la ingeniería humana suscita fantasías de posibilidades monstruosas.

Esta doble reacción responde a la ambivalencia de toda técnica; y con esa ambivalencia tendríamos que ser capaces de confrontarnos todos. La polarización de posturas a que tiende nuestra convivencia social, acentuada en ocasiones por los medios de comunicación, pueden convertir el necesario debate sobre estos temas en una película de buenos y malos, de progresistas y retrógrados. Poco avanzaríamos por ahí. Ni toda aplicación técnica en biología o genética humana es nazi, ni toda aplicación técnica trae consigo por sí misma un avance humanitario sin contrapartidas, en ocasiones muy serias.

Una vez que hemos probado del árbol de la ciencia del bien y del mal, hemos traspasado definitivamente los límites del paraíso. No hay vuelta atrás a una hipotética inocencia previa a toda decisión. Lo único que cabe hacer es trabajar por que las decisiones sean acertadas y responsables. El control de la reproducción humana está dejando de ser asunto de los mecanismos biológicos del organismo humano. Como en otros terrenos de la vida humana, la ausencia de regulación espontánea debe ser suplida mediante la institucionalización cultural. Estamos en los primeros estadios de ese proceso.

Las posturas éticas y las decisiones legales que se adopten están pidiendo un debate abierto, rico y constructivo, en el que cada persona o cada grupo pueda aportar lo que tenga que aportar. El tema no tiene por qué ser objeto de polarizaciones partidistas ni de secuestros por parte de determinadas camarillas de expertos al servicio del poder. El modo de trabajar de la comisión Warnock en el Reino Unido merece elogio e imitación, por más cuestionables que parezcan algunas consideraciones a las que llega dicha comisión en su informe.

Augusto Hortal es jesuita y profesor de Ética en la facultad de Filosofía y Letras de la universidad de Comillas, de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 20 de mayo de 1985.

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