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El obspo de Roma pisa suelo holandés por vez primera en nueve siglos

Juan Pablo II inició ayer su 26º viaje al extranjero con una defensa de su derecho a nombrar prelados

El papa Juan Pablo II cree que no tiene por qué explicar las razones que le llevan a designar a los obispos. "Es al Papa a quien corresponde decidir", dijo en la catedral de San Juan, en Hertogenbosch (Holanda), diócesis que precisamente ha sido una de las afectadas en la última remodelación episcopal. Desde el siglo XI ningún obispo de Roma había pisado esta tierra de los Países Bajos. Pero éste no pare ce ser un viaje que consiga una apoteósica movilización popular.

En su primer día de visita a Holanda -en este 26º viaje, que le llevará el miércoles a Luxemburgo y el jueves a Bélgica-, Juan Pablo II recibió una acogida poco entusiasta en cuanto al número de personas que se congregaron en las calles para verle pasar. Y es que esta visita ha dividido a los propios católicos holandeses.Sólo unos miles de personas le acogieron en el aeropuerto de Eindhoven. Allí, Juan Pablo II recordó, en el 40º aniversario del fin de la caída del nazismo, "el destino trágico y el sacrificio de millares de judíos", y aseguró: "Rezamos a su Dios, que es también nuestro Dios, para que este pueblo elegido pueda ahora vivir en paz y seguridad". Gesto tardío, pues la comunidad judía de Holanda -25.000 personas, frente a medio millón antes de la guerra- no ha querido recibir al Papa, pues pide que el Vaticano reconozca al Estado de Israel y que la Iglesia católica haga una autocrítica de su actitud durante el nazismo.

Posteriormente, el papa Wojtyla se trasladó a la catedral de San Juan de Hertogenbosch, la diócesis holandesa de mayor concentración católica. Sin embargo, donde se esperaban unas 80.000 personas, y se había dejado sitio para ellas, sólo había unos miles. En algunas paredes había pintadas y carteles no retirados por la policía en los que se pedía que el Vaticano liberalice su actitud ante el aborto, la homosexualidad y los derechos de la mujer.

El Papa nombró en febrero pasado como obispo a Ter Schure, un ultraconservador caracterizado especialmente por sus homilías contra los homosexuales y contra las parejas no casadas. Juan Pablo II descartó, como en otras tres ocasiones, ternas presentadas por los capítulos diocesanos. Este nombramiento llevó a la dimisión de dos vicarios episcopales y una treintena de diáconos de diócesis. En los últimos 15 años, el episcopado holandés ha perdido la mayoría de sus obispos aperturistas.

En Hertogenbosch, Juan Pablo II aseguró que, para cada nombramiento a la cabeza de una diócesis, el Papa "trata de comprender la vida de una Iglesia local, se informa y pide consejo", y concluyó: "He nombrado al que, ante Dios, he juzgado más apto".

En este primer día de su viaje, Juan Pablo II hizo un llamamiento a la unidad de la Iglesia católica. Pero esta visita pastoral a. Holanda ha sido organizada para evitar la confrontación con los católicos disidentes, a los que el Papa no recibirá.

En su encuentro con representantes de la enseñanza católica, en la misma ciudad, Juan Pablo II insistió en la enseñanza confesional y en el valor de la catequesis, alabando el sistema de los Países Bajos, "donde las escuelas católicas ocupan una posición envidiable".A partir de los censos de población -en los que se indica la religión-, el Estado holandés financia las escuelas confesionales. últimamente, sin embargo, ha crecido el número de personas que se niegan a declarar su religión en dichos censos.

Espectáculo pagano

A su llegada al aeropuerto de Eindhoven, Juan Pablo II tuvo una prerrogativa especial, en principio sólo reservada a la familia real holandesa: el pisar las históricas banderas provinciales. En el centro de Amsterdam, la capital, unos dos centenares de punkies y alternativos celebraron ayer un espectáculo pagano para protestar contra la visita del Papa. Iban vestidos de monjas y curas y con un mariamovil que parodiaba al papamovil, el ya tradicional vehículo pontificio en este tipo de viajes. Los manifestantes ahorcaron un muñeco en recuerdo de la Inquisición.

El ambiente contra la visita papal se ha ido calentando en las últimas semanas y meses, sobre todo en Holanda, pero también en Bélgica. Un mensual alternativo holandés, Drift, salió esta semana con un suplemento titulado L'Osservatore Passionato, cuyo artículo principal está dedicado a Cómo matar a un Papa. La conclusión es que no es fácil por medio de un tiro o una granada. Pero el autor se pronuncia por la eliminación de "este símbolo, este tirano sonriente".

La revista mensual Bluff recoge en su portada el cartel -prohibido por la policía holandesa- que ofrece: 15.000 florines (unas 800.000 pesetas) de recompensa a quien asesine al Pontífice, a quien se califica de "Duce II" y miembro de una "organización criminal y fascistoide". A pesar de su prohibición, dicho cartel es visible en las ventanas de los squatters (ocupantes ilegales de viviendas) de Amsterdam, ciudad a la que, por motivos de seguridad, no se desplazará Juan Pablo II. Esta oferta de recompensa venía firmada por el Frente Nórdico del Terror -que ha reinvindicado tres atentados en Holanda- y los llamados Autónomos -bastante misteriosos-, que en las últimas horas han llevado a cabo diversas profanaciones.

La seguridad del Papa es una verdadera pesadilla para los organizadores del viaje. Diez mil policías están dedicados especialmente a la seguridad de Juan Pablo II en Holanda, un país con condiciones sumamente liberales (le acceso y donde los grupos marginales tienen cierto peso. Un peligro similar se repetirá en Luxemburgo, con escasa policía, y en Bélgica, donde las fuerzas de seguridad-desconocen aún de dónde han surgido los últimos grupos terroristas, como las Células Comunistas Combatientes (CCC).

Carteles y pegatinas han surgido también en Bélgica, aunque se han prohibido en razón de una redescubierta ley del siglo pasado

El obispo de Roma pisa suelo holandés por vez primera en nueve siglos

(del 20 de diciembre de 1852) que reprime las ofensas contra los jefes de Estado extranjeros. La represión policial fue, de hecho, fuerte en algunas ciudades flamencas.Ello no ha impedido la proliferación de imágenes, como unas posaderas masculinas, desnudas, de las que sale una trompeta escatológica, con una invitación a una repetición general ante la visita de Juan Pablo II, obra del comité flamenco contra dicha visita, fueron prohibidas tras una protesta motivada en parte por los homosexuales. En otro cartel, Juan Pablo II está rodeado de vasos de vino, con este eslogan: "Pope is dope. El Chateauneufdu-Pape est arrivé".

Las manos de la Virgen

Hace algunas semanas, las manos de la estatua de la Virgen de Beauraing (Bélgica), que Juan Pablo visitará el 18 de mayo, fueron descubiertas cortadas una mañana. Hubo conatos de incendios provocados en residencias estudiantiles católicas. En diversas ciudades de Flandes, los Anarquistas Anónimos en Acción robaron estatuas de iglesias. Una organización, el Grupo Naturalmente Antipapista, intenta coordinar todas las manifestaciones.

Para hoy está convocada una manifestación anti-Papa en Utrecht (Holanda). Todo esto puede parecer folclórico y minoritario, aunque a este folclorismo también se ha asociado en parte la televisión holandesa en su presentación del viaje papal, que un diario italiano calificó de "viaje al infierno".

Unos 10.000 católicos progresistas se manifestaron en La Haya el pasado miércoles para mostrar la "otra cara de la Iglesia", pidiendo a los obispos que acepten el carácter propio de las diversas formas de la Iglesia católica holandesa.

En Bélgica, la oposición a la visita papal será menos marcada. Pero el viaje no estará exento de problemas, paradójicamente, en Flandes, la región más católica. Los protestantes belgas, a través de un voto de su asamblea sinodal, decidieron no encontrarse con el Papa. En Holanda, la importante comunidad judía decidió otro tanto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de mayo de 1985

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