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Plaza estrena un montaje de 'La casa de Bernarda Alba' que rechaza los tópicos simbólicos

Se han analizado muchas veces los símbolos encarnados en cada uno de los personajes de La casa de Bernarda Alba, última obra de Federico García Lorca y pieza clave en la dramaturgia española de este siglo. Bernarda, la madre tiránica; Adela, la mujer rebelde; María Josefa, la abuela loca con las verdades en la punta de la lengua. Para José Carlos Plaza, director de¡ montaje que se estrena esta noche en el teatro Español, la aproximación contemporánea que precisa esta obra tendría que descartar esa visión esquemática de los personajes.

José Carlos Plaza no toma La casa de Bernarda Alba como una tragedia; para él les un drama, y recurre a las palabras del mismo autor para avalar su posición: es un drama de mujeres en un pueblo de España. El director ha querido acercarse al conflicto que se plantea a través de un prisma más sensible, más humano, más "comprensivo", como dice él. "Hemos querido darle mayor amplitud a nuestra perspectiva. Huir del símbolo y no ver a Bernarda como un monstruo tiránico ni a las hijas no como víctimas, sino como mujeres que se sujetan a su situación por comodidad, por ignorancia, por miedo, sin luchar verdaderamente por su libertad", afirma José Carlos Plaza.A partir de estos conceptos, se ha tratado de entender la psicología de cada uno de los personajes, sin disculparlos, tratando de penetrar en las motivaciones de sus comportamientos. Así, Bernarda es una mujer frustrada, inculta, sin armas culturales para romper las normas. Indefensa ante ellas, víctima de una sociedad a la que no cuestiona, y no tirana consciente.

Hay que tomar en cuenta que García Lorca no partió sólo de conceptos para desarrollar este retrato de la dominación cotidiana. El personaje de Bernarda lo tomó Federico de un personaje real, Frasquita Alba. La familia García Lorca veraneaba en el pueblo de Asquerosa, cercano a Fuentevaqueros, que desde hace unos años ha cambiado su nombre por el de Valderrubio. Frasquita Alba, viuda con varias hijas, vivía enfrente de la casa que alquilaba a la familia del escritor. Al lado de ellas vivía una prima de García Lorca, en cuyo patio solía pasar muchas horas. Fue testigo, entonces, de los continuos enfrentamientos entre la viuda y sus hijas, de las agrias conversaciones entre ellas y de la situación de opresión en que vivían.

En base a estas situaciones y diálogos se fue gestando esta obra, en la que el autor cambió el nombre de la protagonista tras la insistencia de su madre. Existen también otras situaciones reales que formaron después parte de la trama. La historia que cuenta la Poncia del hijo de la Librada se basa en un relato que ocurrió efectivamente, pero relacionado con una historia de adulterio. García Lorca terminó de escribir la obra el 19 de junio de 1936, un mes antes de que comenzara la guerra civil y dos meses antes de ser asesinado en Granada.

José Carlos Plaza no ha querido tomar, de los profundos contenidos humanos de esta obra, sólo su vertiente alegórica, sino llegar a la "fuerza del ser humano que debe expresar el teatro y no representar símbolos que, como tales, nunca tienen una fuerza real". La que presenta en esta oportunidad José Carlos Plaza es la cuarta versión que se ha hecho de La casa de Bernarda Alba en España.

"Yo sólo he visto dos de esas tres versiones. La de Bardem, en 1964, que me pareció muy respetuosa del texto original, y la de Angel Facio, que ofreció un espectáculo muy distinto de cruel expresionismo. Yo voy por algo más cotidiano. Ya es hora que el público español se acostumbre a que se pueden hacer infinitas versiones de una obra de teatro".

Espectáculo de actrices

Si algo ha querido destacar el director de este montaje es el trabajo de las actrices que participan en él. Berta Riaza es una Bernarda que huye del prototipo hierático e impenetrable de su personaje, dándole una dimensión distinta, mostrándolo vulnerable. Mari Carmen Prendes hace de Poncia, con la carga que este papel marca en el hilo de la tensión dramática. Eva Guerr es la criada, testigo sumiso, obediente. María Rus es Prudencia, autocompasiva y resignada. Aurora Redondo es María Josefa, esperpéntica figura, mezcla de demencia y ternura.

Y las hijas. Magdalena, representada por Mar Diez, dolorida e impotente ante su destino. Angustias, solitaria, sensible, interpretada por Paca Ojea. Amelia, personaje que recobra vida en la interpretación de Pilar Bayona. Martirio, personaje amargo y terrible, a cargo de Enriqueta Caballeira. Y Adela, la supuesta heroína de la obra, que en la interpretación de Ana Belén se aleja del tópico y se adentra en una mujer que se transforma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 1984