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Elecciones en Estados Unidos

La Casa Blanca cree haber bloqueado el plan de paz de Contadora, según un documento secreto publicado por 'The Washington Post'

"Mi primera prioridad en el segundo mandato será la paz, el desarme y la reducción de armas nucleares en el mundo", afirmó el lunes por la noche Ronald Reagan desde California, en un discurso al país retransmitido por las tres principales cadenas de televisión como publicidad pagada por el Partido Republicano. Los hechos, que parecen de momento invalidar esta retórica pacifista de Reagan, y su previsible reelección con un margen arrollador de votos, pueden convencer al presidente de la necesidad de continuar otros cuatro años con su política de dureza, de rearme y de contención militante del comunismo en la esfera internacional. Centroamérica va a ser la primera prueba de fuego de la segunda Administración Reagan. Mientras los norteamericanos acudían ayer a las urnas, The Washington Post publicaba un documento secreto preparado para una reunión del Consejo Nacional de Seguridad, celebrada el martes pasado en la Cala Blanca, en el que la Administración afirma que ha "bloqueado" el tratado de paz de Contadora.

El documento expone asimismo un plan para convencer al mundo, a través de las embajadas de Estados Unidos, sindicatos occidentales y organizaciones no gubernamentales, que las elecciones celebradas el pasado domingo en Nicaragua han sido una farsa. También manifiesta la necesidad de prestar especial atención a la posición que mantenga el presidente de la Internacional Socialista, el ex canciller alemán Willy Brandt.El documento afirma textualmente que "hemos triunfado sobre los últimos esfuerzos de Nicaragua y México para apresurar la firma de un acuerdo insatisfactorio", y ahora la iniciativa -explica- está en manos de los cuatro "Estados claves: Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica". El documento, que es descrito como un papel de estudio que no se sabe si fue adoptado oficialmente como política en la reunión que presidió la semana pasada Reagan, se preocupa por las dudas de Guatemala, que podía verse influida por la opinión de México, debido a los problemas fronterizos que tiene con ese país por la guerrillas que operan contra el régimen guatemalteco a lo largo de la frontera mexicana.

Una previsible segunda Administración Reagan seguirá creyendo que Centroamérica es, sobre todo, un problema Este-Oeste, y un caso práctico de la necesidad de contener el comunismo en el hemisferio occidental. Es previsible que Reagan mantenga su doble moral política sobre esta zona de interés vital para cualquier administración norteamericana, demócrata o republicana, por su proximidad geográfica a Estados Unidos. Por un lado, mantener abiertas unas conversaciones políticas con el régimen sandinista, hoy por hoy absolutamente estancadas, mientras se aplica una política de presión militar sobre Nicaragua, destinada a debilitar a la junta izquierdista en el poder, buscando desestabilización, lo que sin embargo no se reconoce.

El presidente ha dicho en público hace sólo 48 horas que está descartada una intervención militar del Ejército norteamericano contra Nicaragua, pero ha dejado también muy claro que volverá a pedir al Congreso dinero para seguir financiando a los contras, cuyo objetivo es derrocar a los sandinistas. El legislativo congeló en octubre esta ayuda financiera con el compromiso de no volver a reconsiderar el asunto hasta el próximo mes de marzo. "El fracaso del Congreso y la financiación de la oposición armada es un serio revés", afirma el documento presentado al Consejo Nacional de Seguridad.

'Guerra de las galaxias'

El Congreso de EE UU se muestra desde hace años cada vez más un importante poder limitador de la acción de la Casa Blanca en política exterior, sobre todo en en materia de control de armamentos, la utilización de tropas norteamericanas en el extranjero, el apoyo de EE UU a guerras fuera de sus fronteras. A menos que Reagan logre recuperar el control ideológico de la Cámara de Representantes, el que obtuvo en las presidenciales de 1980 pero perdió en las legislativas de 1982, su segunda Administración tendrá muchos problemas para sacar adelante una política de rearme y de intervención militar en el exterior.

Las relaciones con la Unión Soviética también reciben un doble tratamiento similar al de Centroamérica. "Vamos a hacer todo lo posible para que la URSS vuelva a la mesa de negociaciones", afirmó también Reagan en la última jornada electoral. Sin embargo, el presidente insistirá en su segunda Administración en sacar adelante su plan conocido como guerra de las galaxias, dirigido a situar en el espacio un sistema defensivo capaz de destruir los misiles soviéticos antes de que penetren en la atmósfera terrestre.

La sola idea de la Star Wars, que está forzando a la URSS a un gasto que no puede permitirse y a buscar y desarrollar una tecnología que no posee, pone los pelos de punta a los dirigentes del Kremlin. Chernenko insiste en que EE UU debe detener las pruebas defensivas en el espacio como condición para negociar con Washington, pero nadie cree aquí que Reagan acepte esta condición.

Es previsible, sin embargo, que el presidente se siente a negociar por fin con Moscú en su segundo mandato y concluya algún acuerdo, no muy ambicioso, una delimitación de los respectivos arsenales nucleares a los actuales niveles. En definitiva, una congelación de la locura mutua ya existente sin reducciones espectaculares.

La negociación con Moscú se prevé muy difícil ya que Reagan en los próximos años va a insistir en el rearme que ha iniciado en su primer mandato. De momento ya ha pedido al Congreso 302.000 millones de dólares para el año fiscal 1986. Su primera Administración incrementó los gastos de defensa desde 156.000 millones de dólares a 264.000 millones, un 37,4%, una vez ajustada la inflación.

Reagan quiere acabar su segunda presidencia con la instalación de 100 misiles nucleares móviles de 10 ojivas cada uno, los MX. De momento el Congreso ha dado su aprobación para 21 y otros 21 están pendientes de un nuevo estudio. En la cesta de la compra del presidente se incluye también un nuevo cohete nuclear, el Midgetman y otro bombardero, el Stealth, para reemplazar al B1.

Las perspectivas de lograr unas negociaciones fructíferas con los soviéticos y una política norteamericana más flexible en las numerosas áreas de conflicto Este-Oeste a lo largo del mundo, se complica por las divisiones existentes en el seno de la Administración.

El secretario de Defensa, Caspar Weinberger, es reacio a la apertura de unas negociaciones para controlar los arsenales atómicos de las dos superpotencias. Entiende que el éxito de una política de este tipo debilitaría el apoyo de la opinión y el Congreso para el rearme que él desea. Weinberger, ayudado por su adjunto, Richard Pearle, forman el núcleo duro en la política exterior de la Administración Reagan, tanto en las relaciones con la URSS como sobre Centroamérica, frente a la línea algo más moderada que representa el secretario de Estado, George Shultz y su también adjunto Richard Burt. En Washington se habla abiertamente de "la guerra de los dos Ricardos".

En su primera Administración, Reagan no ha querido prortunciarse claramente por ninguna de estas dos líneas políticas, lo que ha impedido cualquier negociación viable con la URSS. De momento parece que Reagan mantendrá a Caspar Weinberger al frente del Pentágono y a George Schultz en la dirección del Departamento de Estado. Sin embargo, al parecer este último ha solicitado al presidente, como condición para continuar, que se pronuncie definitivamente por una política menos beligerante frente a la URSS y menos militar y más diplomática en Centroamérica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de noviembre de 1984

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