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Crítica:

La nota precisa en el momento preciso

Milt Jackson-Ray Brown. 5º Festival de Jazz de Madrid.

Teatro María Guerrero.

Madrid, 27 de octubre de 1984.

Tercer concierto del festival y segundo vibrafonista a la palestra. Pero no había confusión posible, porque el vibrafonista era Milt Jackson, Bags, que volvía a Madrid sin los tiros largos del Modern Jazz Quartet, aunque hecho un pincel de todos modos. Y con ese don especial de saber esperar para dar la nota precisa en el momento preciso, que le ha convertido en el prototipo del jazzman, conquista doblemente meritoria -por haberse logrado con ese cacharro tan raro y tan lleno de tubos.

Habrá quien no esté de acuerdo, pero veo a Milt Jackson tan ligado al Moderri Jazz Quartet que todas sus aventuras fuera de ese ámbito me parecen cosa menor. Lo cual no deja de tener su encanto, ya que permite escuchar a un Jackson relajado, liberado de responsabilidades históricas. Hasta Django le suena a pieza desenfadada, y no a lo que es, una elegía.

Además, esta vez no trajo de pianista a un Monty Alexander dispuesto a subírsele a las barbas, sino a un Cedar Walton totalmente partidario del consenso. He visto muchas veces a Walton, pero nunca tan satisfecho y complaciente. Inspirado acaso por una buena cena, demostró su sentido del humor en citas que iban de lo predecible -Fascinating' rhythm, Donkey serenade- a lo más inesperado. Ahora que en materia de citas se llevó la palma el otro líder del grupo, el bajista Ray Brown, que en medio de Lover man coló la Rapsodia húngara y se quedó tan tranquilo. Brown es otro maestro y el bajo que suena más a bajo de todos. Sus notas son graves, rotundas y eficaces como torpedos bajo la línea de flotación de un portaviones.

Homenajea Thelonious Monk

Como el día anterior, hubo un homenaje a Thelonious Monk, pero tuvimos la suerte de que, de evocación a evocación, sólo se repetía un título, Round midnight. Pecado venial, porque los arreglos eran muy distintos, y además estos conciertos se celebran alrededor de la media noche, con lo cual hay lugar para el chiste.

Otro fragmento del homenaje a Monk, Straight no chaser, fue el número reservado al lucimiento del batería, Mickey Roker. Estuvo tan fácil en él como en todos los otros cometidos, en parte porque él es bueno, en parte porque los demás también lo son. Por nosotros podían haber seguido tocando siempre, pero aquello se acabó cuando mejor estaba. Es lo que sucede con estos músicos: que el tiempo parece corto y la música parece fácil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de octubre de 1984

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