La Universidad española actual
La universidad española, con todos sus defectos, de todos conocidos, parecía, sin embargo, acercarse cada vez más a sectores sociales más amplios; iban quedándose atrás esas facultades en donde los niños bien reafirmaban su posición de elite con un ostentoso licenciado en tal o un sonoro doctor en cual.Dejando aparte el hecho de que tales títulos no dejan de ser aún hoy más que palabras rimbombantes -porque el sistema no sabe qué hacer con tantos doctores en Filosofía y licenciados en Literatura-, parece ser por todos los indicios que nuestra universidad ha elegido de nuevo ser el lugar dé reunión de ociosos burguesitos, aunque ahora se les unan también las mentes más despejadas que surgen entre los hijos del trabajador del campo, del obrero o del pensionista, y así aquellos mediocres que no logran superar las asignaturas pendientes en la convocatoria de septiembre no tendrán derecho al cobro de la beca, aun cuando ésta les haya sido concedida por reunir las condiciones económicas exigidas. Se hace una excepción, y es que la media aritmética de las puntuaciones de ese año académico sea de 7,5 -poco más o menos exigir que en la mayoría de las asignaturas se haya obtenido la calificación máxima-. Por si fuera poco, el que tenga la desgracia de reincidir en su mediocridad en septiembre (y que conste que un examen se puede catear por razones muy ajenas a la capacidad intelectiva), además de pagar de su bolsillo la matrícula -un mínimo de 29.000 pesetas-, alojamiento -si su facultad no se encuentra en su lugar habitual de residencia- y los libros, tendrá que desembolsar un mínimo de 7.000 pesetas por asignatura no superada en septiembre, con,lo cual la matrícula se eleva en unos miles de pesetas. No hay que decir que la denegación de una beca por esta razón supone para muchos la interrupción definitiva de sus estudios universitarios, con todas las consecuencias que conlleva: frustración, privación de cualificación para entrar en el mundo laboral, enfrentarse cara a cara con la dura realidad del ocio por obligación.
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