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Puesta al día del idioma castellano

El Diccionario de la Academia introduce en su última edición 8.000 palabras nuevas

La vigésima edición del Diccionario de la Real Academia Española ya está en la calle -esta vez, en dos tomos-con la introducción de unas 8.000 nuevas voces. El vertiginoso avance tecnológico y la explosión de la literatura latinoamericana son dos de las claves que explicarían este crecimiento. Así, el nuevo diccionario ya da fe de la existencia del vídeo y del joropo. Otras causas, ni técnicas ni literarias, han dado lugar a la inclusión del golpismo y el golpista. Joder y coño también están, pero como voces malsonantes. La puesta al día se refleja, además, en la introducción de otras 12.000 nuevas acepciones y enmiendas.

El Diccionario de uso de la Real Academia Española ha engordado, a pesar de las constantes acusaciones de progresivo empobrecimiento del idioma. Cada página de la nueva edición tiene aproximadamente un tercio más de lectura que la anterior, editada en 1970. La modernización no solamente se refleja en la introducción de nuevas voces, sino, fundamentalmente, en la revisión de la obra anterior, en su modernización, bien porque cambia el idioma y sus giros, bien porque cambian los conceptos. Sirva como ejemplo la palabra comunismo. En 1970, en vida de Franco y con un Partido Comunista perseguido y clandestino, el Diccionario de la Real Academia definía así aquella maldita palabra: "Sistema por el cual se quiere abolir el derecho de propiedad privada y establecer la comunidad de bienes". La vigésima edición del Diccionario ha cambiado sustancialmente aquella definición, ofreciendo, además, tres acepciones. Dice así: "Comunismo- Sistema de organización social y económica en que los bienes se consideran de propiedad común y predomina lo colectivo sobre lo individual. 2. Doctrina expuesta en el Manifiesto Comunista (1848) de Marx y Engels, interpretada posteriormente por Lenin (1870-1924) y sus continuadores. 3. Movimiento político inspirado en esta doctrina. Libertario. El de tendencia anarquista, inspirado en las doctrinas de Bakunin (18141876) y Kropotkin (1842-1921)".Los acontecimientos políticos, los cambios sociales, influyen indiscutiblemente en el idioma. Similar al caso del comunismo es el caso del marxismo, cuya definición en el Diccionario de 1970 comenzaba diciendo: "Doctrina de Carlos Marx y sus secuaces...".

La palabra golpismo

Anteriores ediciones hablaban del golpe -"acción de golpear o tener encuentro repentino..."-, y hablaban de su multitud de acepciones. Porque hay golpe de gracia, golpes de pecho, de mar o de ojo. Incluso se puede no dar golpe. Y recogían también el golpe de Estado. Pero sólo después de 1981 y, por tanto, por primera vez en un Diccionario de la Academia, se contempla la palabra golpismo -"actitud favorable al golpe de Estado. Actividad de los golpistas"- y, lógicamente, el adjetivo golpista, que la Academia define como "perteneciente o relativo a golpe de Estado" y también como persona "que participa en un golpe de Estado o que lo apoya de cualquier modo".La Prensa ha jugado un papel decisivo en este caso concreto. Incluso la llamada prensa amarilla, que también viene definida en esta nueva edición como "la caracterizada por su entrega al sensacionalismo". Los hábitos sociales han empujado hacia las páginas del diccionario una palabra llamada gel, producto cosmético que un elevado porcentaje de ciudadanos utiliza cada mañana. Los femeninos de algunas profesiones siguen abriéndose paso. Ya había, en la edición anterior, abogadas, médicas, diputadas y doctoras, y la carrera continúa. Ahora, también hay notarias, aunque sigue sin haber carpinteras. La goma de borrar también ha sido requerida para modificar la explicación de lo que es el matrimonio: "Unión de hombre y mujer concertada -"de por vida", decía aquí el diccionario de 1970- mediante determinados ritos o formalidades legales".

Vídeo, escáner, reciclar

La Real Academia ha introducido la palabra vídeo y dos de sus derivados, videocinta y videofrecuencia. La ciencia y la técnica imponen su propio lenguaje. Reciclar -"Someter repetidamente una materia a un mismo ciclo, para ampliar o incrementar los efectos de éste"- es una nueva voz, o el escáner, que tantos han tenido que sufrir. Según la Real Academia Española, procede de la palabra inglesa scanner y se escribe, para nosotros, así: escáner. Su definición, "aparato tubular para la exploración radiográfica, en el cual la radiación es enviada concéntricamente al eje longitudinal del cuerpo humano. Recogida esta radiación a su salida del cuerpo por un sistema de detectores circularmente dispuestos, y ordenada mediante un computador la información así recibida, el aparato permite obtener la imagen completa de varias y sucesivas secciones transversales de la región corporal explorada".Como en el caso del escáner, los anglicismos castellanizados, más o menos afortunados, se abren paso en el diccionario, cuya última edición habla de truste, término que sirve para hablar de la "unión de sociedades o empresas con el objeto de dominar el mercado para imponer precios y condicíones de venta".

El barrido, acción de barrer, no tenía antes ningún componente tecnológico. No ocurre ahora lo mismo, ya que barrido describe también el "proceso por el que un díspositivo explora sistemática y repetidamente un área o un espacio reconociéndolos punto por punto para transformar la imagen de cada uno de ellos en centrales, en señales eléctricas transmisibles a distancia, que, a su recepción, por otro proceso inverso y similar, se convierten en imágenes; es el fundamento de la televisión, el radar, el microscopio de barrido, etc.".

Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Cabrera Infante, Marío Vargas Llosa, Mario Benedetti y tantos otros escritores de la otra orilla del Atlántico son los principales causantes de muchas de las nuevas voces incluidas en el diccionario. A ello contribuyen decisivamente también las estrechas relaciones que mantiene la Real Academia Española con las hispanoamericanas. Pueden servir de ejemplo los dos términos ya mencionados. Macondo aparece en la nueva edición, aunque con una acepción bien distinta a la utilizada por García Márquez. Para la Academia, macondo es un "árbol corpulento de la familia de las bombáceas, semejante a la ceiba, que alcanza de 30 a 40 metros de altura". Joropear, "bailar el joropo", tampoco se contemplaba en la edición de 1970. Joropo es "¡núsica y danza popular venezolanas, de zapateo y diversas figuras, que se han extendido a los países vecinos". Joropear es también sinónimo de divertirse.

Aprobar voces malsonantes

En algunos países suramericanos llama extraordinariamente la atención el hecho de que al español se le escape, a modo de interjección, la palabra coño. Sin embargo, tal vocablo nunca estuvo recogido en el Diccionario de la Real Academia. hasta hoy, presentada con sus dos conocidas acepciones, como interjección y también como "parte externa del aparato genital de la hembra" y con la aclaración de que es voz malsonante. Igualmente, otra de las voces más extendidas, se encuentra ya en el lugar alfabético que le corresponde. El nuevo diccionario dice así: "Joder: voz malsonante. Practicar el coito, fornicar. 2. fig. Molestar, fastidiar. 3. fig. Destrozar, arruinar, echar a perder. 4. Interjección de enfado, irritación, asombro, etc.".El académico Camilo José Cela, como era de prever, ha tenido mucho que ver con la inclusión de estas nuevas voces. Bien es verdad, de no ser por el acuerdo del resto de los académicos, ambas palabras hubieran quedado fuera de nuevo. El proceso por el cual una nueva acepción o una corrección se toma en cuenta es relativamente sencillo. Las propuestas provienen, bien del exterior -"recibimos muchas sugerencias de la gente", dice Alonso Zamora-, bien de cualquiera de los académicos, que en este momento son 39 de número.

La Real Academia Española se subdivide en varias comisiones entre las que está la del diccionario, formada ahora por Manuel Seco, Lázaro Carreter, Alonso Zamora, Antonio Tovar y Dámaso Alonso. Ésta recoge todas las propuestas, las estudia, las selecciona y las lleva al pleno de los académicos, que se reúne todos los jueves, para su aprobación. La constante relación con otras academias, como la de la ciencia, permite también la revisión o introducción de términos científicos, técnicos o de cualquier índole.

Las nuevas acepciones que los plenos rechazan quedan archivadas, de manera que son cientos de miles las palabras que se conservan en la Real Academia, debidamente ordenadas en fichas. Muchas de esas acepciones forman parte de otros diccionarios editados por la Academia, como el histórico, en el que se cuenta la trayectoria, la vida en definitiva, de los vocablos, o el Manual Ilustrado de la Real Academia, que recoge los vulgarismos, las palabras mal usadas o las pertenecientes a determinadas jergas, como la de la droga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de junio de 1984