Caricatura tierna
El príncipe azul es una breve pieza sentimental, de literatura popular, que deriva hacia la caricatura respetuosa y tierna, hacia lo grotesco conmovedor, algunas de las leyes de vida tópicas. Dos jóvenes enamorados -chico y chico-, que fueron separados por sus precavidas familias cuando tenían 16 años, se prometieron encontrarse 50 años después: y aquí están, esperpénticos y destrozados, en el banco de la cita, frente al mar de su adolescencia. Hay primero dos monólogos, en los que cada uno de ellos cuenta su vida al público, y luego el encuentro lleno de espanto al ver el garabato del otro (y su propio reflejo); y los tanteos pudorosos para identificarse hasta que se separan de nuevo, y para siempre, sin haber admitido el reconocimiento. Una filosofía de Dolora, de Campoamor. Todo está hecho contando con la complicidad del público, abultando los rasgos y repitiendo una y otra vez los efectos. Así es el texto, y así es la dirección de Omar Grasso, deliberadamente exagerada y truculenta.Así, por tanto, la interpretación de Jorge Rivera López y Villanueva Cosse. Se adivina en ellos dos excelentes actores, preparados física y artísticamente, a los que gustaría ver en personajes más honestos, menos trucados, menos forzados a la creación del tipo.
El príncipe azul, de Eugenio Griffero
Dirección: Omar Grasso. Intérpretes: Jorge Rivero y Villanueva Cosse.Teatro Abierto, de Buenos Aires, en la Sala Cadarso, de Madrid. 14 de junio de 1984.


























































