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La CEE elige hoy un nuevo Parlamento

Un alto índice de abstención y pocas novedades marcan los comicios en diez países europeos

Bruselas
Los ciudadanos de seis países de la Comunidad Económica Europea (CEE) acuden hoy a las urnas para elegir sus representantes en el Parlamento Europeo junto a los de otras cuatro naciones que celebraron sus comicios el pasado jueves. Este segundo Parlamento Europeo elegido directamente, según diversas encuestas, girará discretamente a la izquierda, y una de sus posibles novedades será la formación de un grupo parlamentario verde.

El índice de abstención parece ser la clave del europeísmo de las segundas elecciones directas al Parlamento Europeo que se celebran hoy en seis países de la CEE. En los otros cuatro -Reino Unido, Irlanda, Dinamarca y Países Bajos-, los ciudadanos acudieron a las urnas el pasado jueves y la participación no fue alentadora. Es más una prueba nacional multiplicada por 10, a juzgar por las campañas electorales, que una auténtica elección europea. Casi todos los Gobiernos pueden salir afectados por esta prueba. No se prevén grandes cambios en la distribución de las fuerzas respecto al Parlamento Europeo saliente.En el censo electoral de los diez figuran 199.955.925 electores. En 1979, la participación fue de un 62%. En esta ocasión, los sondeos no apuntan a una gran mejoría en esta abstención. Así, los primeros sondeos en los comicios ya realizados arrojan una participación del 28,9% (32,4% en 1979) en el Reino Unido, del 45% en Irlanda (63% en 1979) y del 52,6% en los Países Bajos (57,8% en 1979). La excepción al crecimiento de la abstención ha llegado a Dinamarca, donde ha votado un 53%, frente a un 47% en 1979. En Dinamarca, además, parecen, según las estimaciones, haber triunfado los partidos proeuropeos, con un 66% de los votos.

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Poco han aportado de nuevo estas elecciones, y su campaña electoral, al debate sobre la integración europea. Además, cabe plantear el que, si realmente fuera un sufragio sobre Europa, no lo es sobre la Comunidad Europea de mañana, sino de hoy. En efecto, los grandes temas de la reforma de la CEE -y muy especialmente sobre cómo solucionar el problema de la contribución británica al presupuesto de la CEE- serán abordados de nuevo a partir de mañana. Y de la Cumbre Europea de Fontainebleau el 25 y el 26 de junio puede salir, si sale algo, una CEE distinta de la que se ha planteado en estas elecciones.

En el Reino Unido, los conservadores de Margaret Thatcher parecen haber perdido terreno (40% de los sufragios y 44 escaños, según las estimaciones frente a 48,4% y 60 escaños en 1979), a pesar de que los laboristas no plantearon una política directamente antieuropea. Se aprecia la subida de la Alianza liberal-socialdemócrata. Pero quizá, con este grado de abstención -dos de cada tres británicos no han votado-, Thatcher pierda cierta fuerza de cara a un efrentamiento con los otros nueve en Fontaineblau. Desde el fracaso de la anterior cumbre en Bruselas, en marzo, salvo en el tema agrícola, las grandes decisiones de la CEE han quedado paralizadas, entre otras razones, por esta cita electoral.

En los Países Bajos, según las estimaciones, el Gobierno de coalición democristiana-liberal parece haber salido de la prueba de los euromisiles. En la RFA, estas elecciones pueden acabar con la presencia de los liberales alemanes en Estrasburgo, con inciertos efectos sobre la coalición gubernamental en Bonn. Y, en Francia, todo depende del grado de la esperada derrota de la izquierda en el poder.

Todo ello puede influir sobre las negociaciones para la adhesión de España a la CEE, pues el presidente francés, François Mitterrand, que se ha volcado ya a favor de este ingreso -con condiciones, claro está-, podría tener dificultades para hacerlo aceptar si pierde terreno en estas elecciones. En cualquier caso, es de esperar que tras este domingo, y las presiones electorales consiguientes, la CEE flexibilice sus posiciones de extrema dureza hacia España.

Para cubrir los 434 escaños de este Parlamento Europeo se presentan 4.010 candidatos (sin contar los suplentes) distribuidos en 120 listas o partidos. El nuevo Parlamento, según diversas encuestas, habrá girado ligeramente a la izquierda, pero será bastante similar en su distribución de fuerzas al actual. Los avances previstos de los laboristas en el Reino Unido,

socialistas y comunistas en Italia, y verdes en la RFA, pueden verse compensados, a nivel europeo, por lo que gane la derecha en Francia.

Grupo parlamentario 'verde'

La verdadera novedad del nuevo Parlamento, cuya primera sesión se celebrará del 24 al 27 de julio, puede ser la creación de un grupo parlamentario de verdes. En el Parlamento saliente, el grupo más numeroso es el de los socialistas (124 escaños), seguidos de los democristianos (117), los conservadores (63), los comunistas (48), los liberales y demócratas (38), los demócratas europeos de progreso (22), el grupo de independientes (12) y los no inscritos (10). Los resultados, incluidos los de los cuatro países que votaron el jueves, se conocerán a última hora de hoy.

Este Parlamento sólo goza de poderes reales en la CEE en materia presupuestaria. Así, ha logrado aumentar los gastos no obligatorios de la Comunidad, especialmente los de la política regional. Puede asimismo votar una moción de censura y despedir en bloque a los componentes de la Comisión Europea, pero no lo ha hecho. El Parlamento elabora informes sobre todo tipo de cosas, y ésta es su actividad principal. Los más sonados han sido el informe Spinelli sobre el proyecto de Tratado de Unión Europea, los informes sobre seguridad y defensa y el debate sobre el paro.

En cuanto a su organización geográfica, nunca se ha resuelto de modo satisfactorio, resultando un auténtico vaivén entre tres ciudades: las sesiones plenarias, una semana al mes, se celebran en Estrasburgo; las comisiones parlamentarias se reúnen en Bruselas, y el personal fijo está en Luxemburgo. La gente y los baúles de documentos viajan constantemente entre estos tres vértices europeos.

Según una encuesta llevada a cabo por el diario La Libre Belgique, comparativamente, y teniendo en cuenta la inflación, esta campaña electoral ha sido menos onerosa que la de 1979. La austeridad se impone también en el ejercicio de la democracia. Las fuentes privadas de financiación han mermado además en esta ocasión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de junio de 1984