Jóvenes y puesta de sol

Rebeldes.Dirección: Francis Ford Coppola. Guión: Kathleen Cnutsen Rowel, según la novela de S. E. Hinton. Fotografía: Stephen H. Burum. Música: Carmine Coppola. Intérpretes: Thomas Howell, Matt Dillon, Ralph Macchio, Patrick Swayze, Rob Lowe y Diane Lane. Drama. Norteamericana 1982.

Salas de estreno en Madrid: Cid Campeador, Novedades, Imperial

Hace 17 años S. E. Hinton escribió una novela sobre el desarraigo de lajuventud The outsiders, que se convirtió en tal éxito que fue seguida de otros libros similares, uno de los cuales ha sido también llevado al cine por Coppola después de adaptar el que ahora nos ocupa. Aún desconociendo el libro, cabe imaginar que buena parte de la lírica que rezuma el filme se inspira en el del texto, y que esta pudo ser una de las causas que entusiasmaron a los adolescentes norteamericanos de la época. Hoy, sin embargo, aquel lenguaje ha adquirido nuevos adjetivos y, de no tratarse de una consideración sobre el pasado, el libro y la película corren el peligro de ser inactuales.Ford Coppola es un autor de clara honradez, que elimina de sus obras elementos oportunistas y que trata de ahondar en los temas que elige. En ese sentido, Rebeldes, que es el título con el que se conoce The outsiders en España, no juega con trucos vanales que seduzcan al público joven, al que prioritariamente se destinan estas obras. En Rebeldes hay tan poco folklore que hasta las secuencias de peleas violentas están tratadas elípticamente, sin querer vender carnaza barata.

No obstante, Coppola tiende con frecuencia al ternurismo y por su culpa ha naufragado ya en algunas ocasiones anteriores. Rebeldes no evita esa tentación y así acaba pasando como una nube seca por cuanto pretende denunciar. Si muestra como los dos grupos de muchachos rivales responden a otras tantas clases sociales, y que el motivo de su enfrentamiento nace precisamente de tal diferencia, no ahonda realmente en este planteamiento, prefiriendo entretenerse en las peculiaridades de su principal protagonista, un joven de quince años que debe huir con el amigo de su edad que mató a uno de los ricos rivales por salvarle a él la vida. Le gustan las puestas de sol y recita con emoción poe mas que no entiende del todo; se sacrifica por salvar de un in cendio a unos niños en peligro, y conmueve al jefe de la banda enemiga: generoso y desvalido. Sin duda tal personaje existe, pero dificilmente puede dedi cársele una película si, a su bondad natural no añade ele mentos dramáticos de mayor interés.

Por el ternurismo, a Coppola se le ha escapado la posibilidad de reflejar más vigorosamente la vida de estos muchachos. Lo poco que sabemos de ellos que da pendiente de un simple apunte, que finalmente atenaza al melodrama. A juzgar por quienes ya la conocen, su película siguiente, sobre el mismo tema, adquiere un compromiso superior.

Probablemente, Coppola se ha quedado en esta ocasión en el quicio del filme porque, ade más de la blandura esporádica de su propia poética ha debido responder a las exigencias de un contrato. Acostumbrado a arriesgarse, incluso por encima de lo habitual, con cada una de las películas que produce o dirige, puede no haber querido complicar a otros en empresas con frecuencia ruinosas: sus últimos años, al menos, indican que el talento artístico de Coppola no se prolonga tan fácil mente a sus criterios comerciales. Pero ser timorato no conduce necesariamente al éxito.

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