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Cataluña y España: una nueva perspectiva

Juan Luis Cebrián expuso recienternente en el Ateneo de Barcelona y en las páginas de este periódico unas ideas acerca de Cataluña y el nacionalismo catalán, sobre las que solicitaba diálogo. Creo que este diálogo es urgente, pues estamos a punto de entrar en Europa, cambiar nuestro papel en el mundo y Latinoamérica e incorporarnos a una profunda revolución tecnológica, y, sin embargo, hay sectores importantes del país -en Cataluña, en Euskadi y en el resto de España- inmersos en un marasmo ideológico residual con respecto a nuestra identidad colectiva.Existe en el país un retraso cultural enervante que bloquea nuestra capacidad de integración en nuevas metas de innovación y progreso. En efecto, estamos terminando la transformación de la estructura del Estado y, sin embargo, no hemos modificado nuestra concepción de España. Las dos locomotoras de la industrialización del país, Cataluña y Euskadi, se ensimisman en la búsqueda de una identidad que sólo podrán encontrar fuera de ellas en el conjunto de España. A este nivel, estamos viviendo en el pasado, con actitudes e ideas propias de un resistencialismo que se llama nacionalista y patriótico, y está comenzando a no ser más que provinciano y particularista. Pero lo malo es que a nivel del Estado este resistencialismo encuentra en ocasiones su contrapunto en actitudes igualmente cerriles de nacionalismo español uniformista. Ambas actitudes se autoalimentan y cuecen en sus propias fobias y resentimientos, bloqueando nuestra capacidad de hacer camino hacia el futuro.

El problema, desde mi punto de vista, reside en que aún no se ha conseguido sintetizar culturalmente una nueva idea de España como comunidad de pueblos o nación de naciones que sirva de referente mítico y simbólico para todos y sustituya al viejo nacionalismo español centralista, uniformista y reaccionario.

Hasta ahora, en efecto, al carecer las nacionalidades de poder político, se enfrentaban con problemas económicos, sociales y culturales no sólo irresueltos, sino agravados por la ineficacia del Estado.

Estado sin nación

A esta conciencia nacional sin poder se superponía un Estado español cuya misma estructura estaba provocando una quiebra seria, en algunos de sus pueblos, de la conciencia de pertenecer a una misma comunidad nacional.

Como una pescadilla que se muerde la cola, a unas nacionalidades sin poder se correspondía un Estado con la conciencia nacional quebrada.

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Actualmente, un elemento de la situación ha cambiado, puesto que la modificación de la estructura del Estado ha permitido que las nacionalidades adquieran poder político y. comiencen a resolver sus problemas. Sin embargo, se está produciendo un nuevo bloqueo del sistema, puesto que Cataluña y Euskadi parecen haberse encerrado en sí mismas, sin integrarse en una nueva perspectiva de identidad común con el resto de los pueblos del Estado.

Desde mi punto de vista, España constituye también una sociedad diferenciada externamente y con altos niveles de interdependencia interna; una nacionalidad todavía incompleta, puesto que necesita integrar a todos sus pueblos en una perspectiva de problemas, objetivos y esfuerzos comunes. Por ello, sólo cuando consigamos superar las patologías del uniformismo y el particularismo se desarrollará la potencialidad, hoy latente, de España como nación de naciones o comunidad de pueblos que comienza a cambiar su situación en el mundo.

De ahí que sea necesario incorporar a Cataluña y Euskadi a la definición y consecución de los objetivos comunes. Es preciso que ambas naciones vuelvan a aportar su gran capacidad de modernización al resto de España y a Latinoamérica. O lo hacen o nos quedaremos todos inmóviles y ensimismados, contemplándonos el ombligo y dejando pasar la revolución de la modernización por delante de nuestra puerta.

Por eso, quiero pedir desde aquí a nuestros pueblos, intelectuales y dirigentes de Cataluña y del resto de España que hagan un esfuerzo para superar comprensibles actitudes e intereses residuales, fruto de años de represión y uniformismo centralista, y participar en la construcción de un nuevo proyecto de España en el mundo. Nuestras naciones sólo tienen sentido en el conjunto de esa nación todavía incompleta que es España. Y ésta sólo se desarrollará cuando consiga integrar las conciencias de todos sus pueblos. O definimos nuevas identidades y metas comunes o no seremos capaces de caminar hacia adelante.

Luis Bouza-Brey es profesor de Teoría del Estado en la universidad de Barcelona.

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