La muerte de Jorge Guillén

Los amigos, las voces

Desde que leí, hace medio siglo, Cántico, Jorge Guillén se convirtió para mí en uno de los poetas españoles más grandes de nuestro tiempo, y dentro de la generación del 27 yo lo colocaría entre los primeros. Pocos orbes poéticos tan originales, tan perfectos como el de GuIllén. Su Cántico, abierto a nuevos enriquecimientos desde 1928 -primera ediciónhasta 1950 -última y definitIva-, es un canto apasionado a la realidad, pero no sólo a la realidad bella, que todos los poetas han cantado, sino también a los objetos diarios y cotidianos, a la fluencia rumorosa de una calle, al paso de un pájaro, al gusto de tomar un café en compañía de un amigo. Por eso podemos contemplar a veces su poesía como una poetización o fabulización de lo cotidiano.Para Guillén todo es maravílloso, prodigioso, mágico. La vida es un portento, exclama el poeta. En su poesía, la vida, la existencia y sus infinitos rostros son como un redal para el hombre, que el hombre debe agradecer porque son dones que le llegan misteriosamente, con la sencillez de lo natural. Y sobre todo, lo que es para él lo más profundo y esencial de la realidad: la luz, el aire, el amor, los colores y aromas, los amigos, las voces.

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"Como las cosas humanas no sean eternas... "
Jorge Guillén fue enterrado ayer en Málaga "en un acto popular que confirma el caracter humano de su poesía"

Poesía de la claridad, donde todo es luz y centro de la existencia. No sólo canta Guillén el ser, sujeto de ese centro, sino el estar. La circunstancia después de la esencia. El paso del ciclo de Cántico al ciclo de Clamor es el paso de lo esencial a la circunstancia, a la historia. En Clamor, subtitulado Tiempo, de historia, irrumpe lo histórico, la guerra, la degradación del ser, la muerte, la tiranía.

El claro edificio transparente de Cántico se llena de sombras de oscuridades. Todo amenaza ahora al hombre, pero aun así el poeta no es amargo ni pesimista en su testimonio. La esperanza puede más que las sombras y los odios. La vida "es más feroz que la muerte".

Pero en un tercer ciclo, Homenaje, se logra superar el drama y se vuelve al amor y la admiración por todas las cosas y los seres: ciudades, artistas, poetas, paisajes, amigos, una inmensa variedad de realidad vista y entrevista en múltiples imágenes, donde a veces relucen las ciudades y pueblos amados: Florencia, París, Venecia, Málaga, Nerja...

José Luis Cano es director de la revista Ínsula, poeta y crítico literario.

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