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Tribuna:

Justicia para un medio artístico

La singularidad más sobresaliente de los Premios Nacionales de Artes Plásticas en la presente edición ha sido, sin duda, la inclusión de la fotografila entre los galardones, que hasta ahora se limitaban sólo a las diferentes técnicas de las artes plásticas, como la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado. La designación concreta de Francesc Catalá Roca aprovecha una figura histórica indiscutible para hacer justicia a un medio artístico, como la fotografía, que es una de las formas expresivas más características de nuestra época. Francese Catalá Roca no sólo tiene méritos reconocidos como destacado creador en fotografía, sino que atesora un fondo gráfico documental riquísimo, basado muchas veces en la reproducción de obras de arte, tanto arquitectónicas como plásticas.En Lucío Muñoz se ha querido exaltar, por su parte, a un artista riguroso y coherente, cuyos inicios van paralelos a los del movimiento de El Paso y que, desde entonces, a fines de los cincuenta hasta la actualidad, ha mantenido una calidad constante, en medio de una total independencia. Los logros recientes en el terreno del grabado por parte de este gran pintor, lo que fue ya reconocido mediante el Premio Internacional de Obra Gráfica convocado en 1982 por Arteder, han sido especialmente valorados también en ,esta ocasión.

Manuel Valdés, uno de los componentes del desaparecido Equipo Crónica, sorprendió a todo el mundo el pasado año con una interesantísima exposición en la galería Maeght de Barcelona, donde proseguía su reflexión pictórica, pero sobre todo mostraba una fascinante nueva serie de esculturas.

Alfonso Fraile, antiguo miembro del grupo Nuevo Espacialismo durante los años sesenta, desarrolló en la década siguiente un universo imaginativo muy personal, lleno de connotaciones postsuperrealistas. Dotado de facultades técnicas. extraordinarias, Fraile vio momentáneamente interrumpida su brillante trayectoria por una grave enfermedad, de la que resurgió con dos deslumbrantes muestras sucesivas, celebradas en los años 1982 y 1983, que fueron aplaudidas por todo el mundo como un, esfuerzo definitivo en el ahondamiento de su figuración expresionista.

Darío Villalba, que alcanzó proyección internacional con las figuras de los encapsulados a fines de los sesenta, continúa intensamente su investigación plástica en una línea que combinaba formas de vanguardia y recursos espirituales y plásticos de la tradición española. La temporada pasada realizó una gran muestra internacional en la Biblioteca Nacional de Madrid, en la que sintetizaba las líneas maestras de su evolución anterior pero reafirmando su lenguaje en una plena madurez.

crítico de arte de EL PAÍS, fue jurado delos Premios Nacionales de Artes Plásticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 1983