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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Caja Rural- Uteco Jaén , un año después

JOSÉ CABALLOS MOJEDASe cumple por estas fechas el primer año desde que se produjo la intervención de la Caja Rural de Jaén. Es un buen momento, pues, para hacer un breve análisis de las causas que llevaron a esta entidad ya las sociedades por ella financiadas a una situación de quiebra total que llevó la alarma a toda la provincia de Jaén. Según explica el autor de este artículo, un buen número de puestos de trabajo directos y la práctica totalidad de la actividad económica en torno al aceite -eje de la -economía jiennense- se vieron amenazados por el crack de dichas entidades.

Al paso de los días, las noticias sobre el encarcelamiento y posterior procesamiento de los principales -y casi únicos, por lo que más adelante veremos- dirigentes de las entidades cooperativas fueron sacando a la luz de la opinión pública nacional algunos detalles sobre el descomunal desastre que amplios sectores de la sociedad jiennense venían presintiendo en silencio desde hacía ya varios años.Las primeras estimaciones sobre la dimensión de la catástrofe se convirtieron en el mejor alimento para la zozobra: unos 37.000 millones de pesetas medía el diámetro del agujero.

La causa del desastre

No podríamos explicar los orígenes del crack sin tener en cuenta el marco político en el que nacieron las Uteco, como cooperativa de segundo grado y cooperativa provincial agrícola (CPA), como productora-receptora y productora y comercializadora de diversos productos del campo y sus derivados. Corrían los mejores tiempos del franquismo. Domingo Solís Ruiz, seguramente influenciado y apoyado por su hermano José -empeñado en aparecer con la careta social del nacionalsindicalismo-, embarca a una mayoría de cooperativas locales de olivareros en un "pacto de ventas en común" en virtud del cual la Uteco se hará cargo de la totalidad de la producción aceitera, actuando así como reguladora del mercado del aceite.

Posteriormente se crearía la tercera de las entidades, la Cooperativa Proviincial Agrícola, con el fin de cerrar el ciclo productivo del campoie Jaén (secciones de ganadería, matadero, hortofrutícola, algodonera, etcétera).

¿Cómo garantizar el buen funcionamiento de estas dos cooperativas gigantescas? La Caja Rural de Jaén actuaría como la gran ubre financiera. Si surgían problemas, se acudiría al Consorcio Nacional de Cajas Rurales. Tampoco aquí habríl impedimentos. Domingo Solís Ruiz, sin duda llevado por el afán de implantar la democracia sindical, terminó concentrando en sus manos las presidencias de la Caja Rural de Jaén, Uteco, la Cooperativa Provincial Agrícola y la Caja Rural Nacional.

Cualquier crítica que partiera de las cooperativas de base o cualquier intento de coparticipar en la gestión de las entidades era rápidamente interpretado por el onnímodo Solís como la encarnación diabólica de la conjura «juedo-masónica-marxista" que provenía de los enemigos de los campesinos jiennenses. Y, por supuesto, habría que poner los medios -y se ponían- para que tales intentos no se reprodujeran. Las asambleas anuales de las tres entidades se convertían en una fiel imitación de lo que ocurría en aquellas Cortes repletas de procuradores.

Después del año 1977, la democracia no logró traspasar los muros de una determinada concepción del cooperativismo, que, fuertemente impregnada del paternalismo típico de los regímenes, autoritarios, había hurtado los hábitos de participación de la gran mayoría. La inercia de tantos años, la persistencia de una legislación poco acorde con el espíritu de la Constitución y la pasividad de ciertas autoridades durante los Gobiernos de UCD alargaron la vida de aquel conglomerado con los pies de barro.

Se ha dicho muchas veces que el mejor antídoto contra la corrupción es el control democrático de las decisiones y la participación en la toma de las mismas. En el caso que nos ocupa se ha demostrado, una vez más, la veracidad de tal aserto.

Luego está toda esta serie de irregularidades que, sin detenerse a analizar exhaustivamente, merece la pena relacionar aquí. Pero no se preocupen los lectores, tan sólo me referiré a algunas de ellas, ya que la exposición detallada de todas las que se han producido exigiría la publicación de varios artículos más.

Una larga serie de errores

Desde la contratación de la inmensa mayoría del personal por el objetivo procedimiento del dedo amigo hasta el exceso evidente de las contrataciones realizadas para la capacidad real de las entidades pasando por la ineficacia técnica -una de las frases más utilizadas en Jaén recoge con expresión popular esta afirmación: "El que, vale, vale, y el que no, a la Uteco"- de la mayoría de los cuadros superiores nos dan una primera aproximación al asunto.

El gigantismo de las instalaciones o el lujo desmedido con el que se construía buena parte de las mismas -otro reflejo de la megalomanía del franquismo-, amén de los pulsos que Solís tenía por costumbre mantener con las autoridades competentes en torno al mercado del aceite -su hermano ya no era ministro-, constituyen otro capítulo más de esta larga serie de errores.

No entro, por falta de espacio y por encontrarse el asunto en manos judiciales, en los aspectos presuntamente delictivos del escándalo. Baste decir, en este sentido, que, ya bien entrada la democracia, este señor quiso jugar a empresario moderno. Se conquistaría el mercado exterior con una arrolladora política de exportaciones que demostra ría al mundo, una vez más, el genio hispano. A tal fin, constituye en Francia un par de sociedades mixtas con capital -!ayl- judío. El resto ya lo conocen. Todavía adeu da Uteco cantidades considerables a esos señores. Es en esa conquista de Europa cuando se producen las transacciones exteriores sin los debidos requisitos que motivarían luego su procesamiento.

Reflexiones finales

Una vez más, el Gobierno socialista tiene que cargar con la irresponsabilidad de unos pocos que se ampararon, primero, en la falta de libertades, para luego vivir como peces en el océano del dejar hacer que caracterizó a las Administraciones (?) de UCD. Habrá que pagar. Pero todo el dinero de los españoles que haya que invertir en el saneamiento de estas entidades cooperativas será insuficiente si no se democratiza a fondo la institución de crédito -habría que extender el ejemplo a otras cajas rurales- y se le da otra orientación a ese cooperativismo por arriba que adormeció, con los precios políticos y la generalización de las corruptelas, a diversos sectores cooperatívos. Habrá que apelar a esos aceituneros altivos, de Miguel Hernández, para que "de la tierra callada, el trabajo y el sudor" surjan sobre unas bases firmes el desarrollo y el bienestar de ese gran pueblo de Jaén.

Nota. La comisión de investigación de presuntas irregularidades ocurridas en la Caja Rural de Jaén, constituida en el seno del Parlamento de Andalucía, comenzó sus trabajos el 12 de abril de 1983, previéndose la finalización de las investigaciones en el actual período de sesiones. En la actualidad continúa la fase de encuesta de la citada comisión, que finalizará con la comparecencia de los directamente implicados en él asunto objeto de investigación. Para tal fin se ha elevado consulta al Consejo Superior del Poder Judicial, al objeto de que se pronuncie sobre la viabilidad de la comparencia de Domingo Solís y demás implicados en el caso. Una vez finalizados sus trabajos, la comisión de investigación de presuntas irregularidades de la Caja Rural de Jaén elevará al Pleno del Parlamento de Andalucía un informe a través del presidente de la Cámara, qué será debatido antes de que finalice el actual período de sesiones.

José Caballos Mojeda es presidente de la comisión de investigación de presuntas irregularidades ocurridas en la Caja Rural de Jaén y miembro del Comité Federal del PSOE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de noviembre de 1983