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Estadística infernal

Hay quien se hace la noche a solas, con la guitarra en el asiento de atrás y mucho sueño en los párpados. A solas o en compañía, en turismo o en furgoneta, la mayoría de los cantantes pasan parte de sus horas en el asfalto, dirigiéndose de un punto a otro, dejándose, a menudo, la vida en la carretera,.Más muertes que la droga o el fracaso ha dado la estadística infernal de los accidentes, hasta el punto de que pocos conjuntos hay en este país que no cuenten con una baja. Cuando el músico deja el escenario, tras varias horas de actuación que le dejan exahusto, sabe que todavía le espera un largo camino de vuelta a casa, o simplemente camino de otra plaza en la que seguirá agotándose para continuar la interminable marcha. Algunos -como los de la Orquesta Mondragón- han salvado la piel de varios accidentes. Otros no pueden decir lo mismo.

Julio Matito, de Smash, Nino Bravo, Cecilia, Juan Camacho, Eduardo Pegamoides... Imposible hacer una lista completa. Sólo sabemos que descienden del escenario, quizás deslumbrados por la luz de los focos, quizás con más miedo al viaje que al público, con más deseos de salvar la piel que de mantener el triunfo. Pues saben que al otro lado de la noche se encuentra el volver a empezar de los nómadas, los ambulantes que fingen que nada ocurre, que cuentan bajas de carretera con aparente normalidad, a sabiendas de que nadie puede cambiarles el destino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de octubre de 1983