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Violenta discusión entre los conservadores británicos sobre las minorías raciales

Una moción proponiendo que no se deje emigrar al Reino Unido a caribeños y paquistaníes y que se favorezca la repatriación voluntaria de estas minorías raciales, provocó ayer una violenta discusión en el congreso del Partido Conservador británico, que se celebra en Blackpool. La moción, a la que se oponía el Gobierno, fue rechazada por aplastante mayoría, pero dejó los ánimos agitados y oscureció la tan esperada reaparición pública del ministro de Comercio e Industria, Cecil Parkinson, tras el escándalo familiar en el que se ha visto envuelto.Los dirigentes del partido no habían previsto en la agenda ninguna discusión sobre temas raciales, considerados como un punto sensible en la organización tory, pero los delegados lograron introducir ayer una polémica moción al respecto.

El texto sometido a discusión, y defendido fundamentalmente por el diputado Harvey Proctor, decía: "Se pide el Gobierno de Su Majestad que prohíba la inmigración procedente de la nueva Commonwealth (Caribe) y Pakistán, que se aumenten los fondos para la repatriación voluntaria de los naturales a sus países, y que se anule toda la legislación sobre relaciones raciales". Nada más llegar Proctor a la tribuna, de la que se había marchado minutos antes la primera ministra Margaret Thatcher, se oyeron los primeros gritos de protesta (vergüenza, vergüenza) y de apoyo.

La sesión se había iniciado con la intervención de Cecil Parkinson, que estuvo rodeado en la tribuna de oradores por gran parte de sus colegas de Gobierno y por la primera ministra, Margaret Thatcher.

De la acogida del congreso dependía, según la Prensa británica, el futuro político del ministro favorito de Thatcher. Parkinson recibió una acogida amigable, pero la gran mayoría de los delegados no se levantó para aplaudirle como había hecho con otros ministros. Tampoco lo hizo Margaret Thatcher, que aplaudió discretamente con el semblante serio. Cecil Parkinson no logró disipar la impresión de que más tarde o más temprano tendrá que abandonar el Gobierno, tal y como pidió ayer públicamente el obispo de Bath, primera jerarquía de la Iglesia de Inglaterra que hace oír su voz en relación con el escándalo de adulterio que Parkinson protagonizó la semana pasada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de octubre de 1983