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Savater presenta 'Diario de Job', una novela sobre las angustias del personaje bíblico en el mundo moderno

El último libro del filósofo Fernando Savater fue presentado anoche en Madrid por los escritores Abraham Bengio y Marcos Ricardo Barnatan. Se trata de una novela -la segunda que escribe, después de Caronte aguarda, de corte policíaco-. En Diario de Job, de Ediciones Cátedra, el autor ha trasladado las angustias del Job bíblico al mundo moderno.

Después de la caída, Job se dice que el primer síntoma de su dolencia es el abandono de la pasión furiosa de discutir. Eso debe ser, para Fernando Savater, discutidor empedernido, estar en el fondo del pozo, o del Cráter como dice en su última novela. Sin embargo, se apresura a acla rarte que no se trata de un libro autobiográfico. Lo que ocurre es que dificilmente lo hubiera escrito de no ser Savater como es.

La peor de las plagas

"Creo que lo verdaderamente personal en Diario de Job es la relación que se traba entre los personajes. No es que el novelista se identifique con uno u otro, sino con la confrontación armónica o desarmónica que se produce entre ellos. Es en esos intersticios, en esos lazos que les unen, donde se ve el papel o el poder del autor".Sería Job, como Savater, un testigo, o mejor, un participante, un celebrante de su tiempo. Y a la soledad -la peor de las plagas- le habría condenado su insobornable libertad, la que le impide aliarse con el poder y también dar por válidas las verdades ajenas. "Los viejos y gastados sueños colectivistas son fórmulas de miedo a la vida, cuando no de odio a la vida", le dice al protagonista uno de los personajes. "Cada cual ha de hacer en el alto risco su propio nido y volar desde allí tan lejos como pueda".

Pero Job quiere rehacer el mundo a su imagen y semejanza, no puede hurtarse a la participación: "Y esa es su tragedia", dice Savater, con un fondo de risas. Tiene el filósofo muy buen humor esta mañana, como casi siempre, a pesar de la hora temprana. Quizás sea, Savater, uno de los pocos personajes públicos a los que se puede localizar pronto: puesto que siempre, o casi siempre, suele estar escribiendo.

"O tomando notas, preparando cosas. Porque a escribir dedico generalmente el verano, que es el tiempo que tengo más libre".

Hablar de la cantidad de literatura que produce, sean artículos, ensayos, discursos, cartas a los periódicos, novelas y, ahora, una obra de teatro que le van a montar, Vente a Sinapia, que es más bien una escenificación personificada de textos clásicos y utópicos. Con todo este trajín, Savater saca tiempo, además, para disfrutar de la vida cotidiana, o quizás sea que la vida cotidiana es la única materia de la que se nutre y por eso la amasa bravamente, con las dos manos y el corazón en medio. Pero hablar de su ubicuidad es ya un tópico.

"Llevo cuatro o cinco años pensando el Diario de Job, de hecho, tuve la idea de esta novela antes que la de Caronte aguarda, pero me decidí a escribir ésta para cortar más por lo sano, para que el reto de hacer novela, viniendo de la filosofia, fuera más rotundo. Si hacía el Diario de Job, iban a acusarme de hacer un ensayo disfrazado de novela. Aunque a mí la opinión general no me preocupa, sólo la de unos cuantos. Por eso quise escribir primero una novela más tradicional, de acción, para coger la cosa por la mano".

Dice que se divirtió por igual escribiendo Job que Caronte, pero que quizás con ésta qite ahora presenta tuvo momentos, también, de sufrimiento. "Este es un texto relativamente más sombrío, más tenebroso. Quizás es el libro más personal que he escrito". Personal aunque no sea autobiográfico, porque uno no se explica, pero se deja en lo que escribe. En el caso de Savater, que escribe tanto, se deja mucho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de mayo de 1983