Honduras-Nicaragua
Siempre he lamentado que Amnistía Internacional no aborde los temas del terrorismo económico, del terrorismo de la miseria, del hambre y del paro, aunque me parece claro que éstas son formas de tortura tanto o más refinadas, más generalizadas y de efectos más duraderos que las otras. En ese terreno, los Estados Unidos actúan regularmente fuera de sus fronteras, lo que les permite, en la más ridícula de las contradicciones, aparecer como el abanderado y defensor de los derechos humanos por una parte, y como el más sólido sostén de feroces dictaduras por otra.Mis reflexiones tienen su origen en la actual situación que se contempla en la frontera entre Nicaragua y Honduras. Me doy cuenta de que la rebelión de los países oprimidos se convierte, con aquellas tácticas, en una trampa propia de un experimento conductista, y el ratón se ve obligado a elegir entre dos caminos para lograr la supervivencia. Caminos que se le imponen como parte del experimento, sin que desgraciadamente le quede ninguna opción a seguir el suyo propio. /


























































