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Crítica:CINE

Reprimir al rebelde

La actriz Frances Farner había quedado olvidada en la mitología de las estrellas de Hollywood. No interpretó, en verdad, muchas películas; además, su breve carrera se vinculó al mundo del teatro, y de éste queda siempre una memoria frágil.No fue, sin embargo, el problema de Frances Farner. Hollywood quería contratarla, la persiguió, incluso, para que cumpliera el contrato establecido, pero topó, para su asombro, con una actriz que no quería dejarse vencer por su sistema. Frances Farner eligió la libertad... y perdió.

Cuando una noche, en 1943, borracha e indignada, conducía con las luces encendidas (y la guerra en Europa obligaba a apagar las luces en algunos lugares de Estados Unidos), fue detenida por un agente. Comenzó así un insólito peregrinaje por cárceles y manicomios.

Frances

Director: Graeme Clifford. Guión: Eric Bergren, Christopher Devore y Nicko1as Kazan. Fotografía: Laszlo Kovacs. Música: John Barry. Intérpretes: Jessica Lange, Sam Shepard, Kim Stanley y Bart Burns. Drama norteamericano, 1982. Local de estreno: Roxy A

La madre de Frances Farner, dura y mediocre provinciana, creyó que su hija necesitaba de una buena corrección: no había querido ya que fuera actriz, que actuara en la Unión Soviética ni que se casara con aquel estúpido primer marido del que Frances se separó poco después. La madre, pues, arruinó la vida de su hija, pero ésta, tras sufrir ocho años de encarcelamiento y padecer el experimento de una lobotomía, siguió viva.

Incluso volvió eventualmente al cine, aunque ya con el espíritu sumiso de los vencidos. Sólo tuvo realmente fuerzas para redactar un libro, la historia de su vida -¿Habrá realmente un mañana?- en el que, con el estéril orgullo de los derrotados, comenta, feliz, que al menos ha conseguido sobrevivir.

Amarga crónica, ahora convertida en película, no es sólo la biografía de una actriz otrora famosa (pudimos verla recientemente en televisión en la película Rivales, de Howard Hawks y William Wyler), sino la vida de una mujer marginada porque ni su lucidez ni su temperamento le permitieron aceptar la norma como ley.

Frances, de Graeme Clifford, recoge los pasajes fundamentales de la trayectoria privada de la actriz, olvidando, desgraciadamente, algunos datos, e insistiendo con escasa habilidad dramática en otros que, aun siendo graves, hubieran merecido un tratamiento de mayor amenidad.

Pero el conjunto de la película refleja seriamente la penosa lucha por la libertad con la que Frances Farner alcanzó la prisión y el olvido. Con cariño, con bastante rigor, Clifford observa la trayectoria de esta mujer impar; le falta, sin embargo, talento.

Jessica Lange da vida a la desaparecida actriz. Es una buena intérprete, aunque no ha conseguido olvidar la importancia de su cometido. Desde el principio da cuenta al espectador de que el suyo es un gran papel; le falta, pues, labor interior.

Los datos (y de datos trata la película, sin enriquecerlos con imaginación) están presentes, son indiscutibles y a veces aterradores, pero no están tratados con inspiración. Quienes hacen la película no participan de los mismos planteamientos que tuvo la insólita Frances Farner.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 1983

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