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Tzvetan Todorov: "Promocionar una cultura de la latinidad pura es una inconsecuencia"

Tzvetan Todorov considera que promocionar una cultura de la latinidad pura es una inconsecuencia. Todorov, intelectual afincado en Francia, cree que la insistencia del ministro de Cultura francés, Jack Lang, en potenciar una cultura mediterránea que sea una respuesta a la colonización cultural anglosajona, norteamericana particularmente, puede analizarse desde dos planos.

A un nivel teórico, "el proteccionismo cultural no es positivo: Toda cultura es un resultado de la interacción. Entiendo la postura de los militantes de una cultura auténtica sin herencias, pero ello conduce a un empobrecimiento". A un nivel práctico, Todorov acepta que se tomen ciertas cautelas ante los medios que posee la civilización anglosajona para colonizar otras culturas. No obstante, "no hay razón para preferir la cultura latina a la anglosajona. No veo, por ejemplo, cómo pueden reconocerse, en Francia, los bretones en una latinización exclusivista de la cultura"."La cultura tiene necesidad de mecenas y siempre ha estado influenciada por el poder. Sustituir en la televisión las series americanas por otras, igualmente estúpidas, francesas es, igualmente, una violencia. Lo correcto es contrabalancear una influencia cultural buscando nuevas interacciones con otros países", manifestó Todorov a este diario.

El saber transmitido

Tzvetan Todorov ha centrado su investigación, partiendo de los formalistas rusos, en los análisis de texto, en la elaboración de una gramática de la narración y en el estatus de los géneros literarios. Sus intereses actuales, sin embargo, se alejan parcialmente de tales búsquedas metodológicas. "Partí de un sentimiento de debilidad, de incertidumbre, hacia mis instrumentos conceptuales. Para eliminarla era preciso interrogar las fuentes de mi propio pensamiento, el saber transmitido. Antes de poder producir un nuevo objeto necesitaba reflexionar sobre los útiles de pensamiento que tenemos para el análisis". Esta interrogación supone un ejercicio de lectura abierta, sin pretensiones arqueológicas de contextualizar el pensamiento de un autor determinado, sino leyéndolo desde la actualidad. "Es una tarea ciega. Mi principio conductor es la propia búsqueda, una búsqueda ética, y en función de ella interrogo a Diderot, Rousseau, Montaigne.... Es una manera de hacerles violencia porque el discurso que busco no está expresamente contenido en ellos. No se trata de imponer una respuesta antes de terminar de leer -aun que jamás terminaré de leer-. Propongo una cuestión (los conceptos de alteridad social e individual) y busco la respuesta en autores que no se la plantearon expresamente. Lo que no hago es un lectura marxista. Es decir, formular una doctrina y buscar un mero sustento, una ilustración, a la misma".

Marasmo filológico

Esta productiva indecisión ante la lectura contrasta aparentemente con sus trabajos metodológicos anteriores. "Las búsquedas metodológicas no deben ser un fin en sí mismas durante mucho tiempo. En los años sesenta, al menos en Francia, se produjo un marasmo filológico que autorizaba esta investigación metodológica. Ahí están los Barthes, Levi-Strauss, etcétera. Lo que no puede nadie imaginarse es que este momento de búsqueda metodológica pueda perpetuarse". En correspondencia con este ejercicio lector, el último libro de Todorov, La conquista de América, no es un ensayo académico. "Se trata de provocar la reflexión más que de darla hecha, es una narración ejemplar, no un tratado. Los textos de ficción, los cuentos, actúan sobre nosotros con una fuerza que ningún comentario puede igualar. No deseo cortar esta acción que ejerce lo narrativo. La ausencia de sistema no es un signo de pereza. Montaigne, por ejemplo, es el reinicio perpetuo que lleva a una enorme intensidad en su pensamiento". A pesar de sus palabras, Todorov no piensa, como Umberto Eco, escribir una novela. "Me parece muy bien que lo haya hecho. Por mi parte, deseo escribir con una fórmula híbrida que juegue con los poderes de la narración y del discurso ideológico".A Todorov, los análisis textuales le sirven como reflexión previa a la hora de iniciar la lectura, que intenta no subordinar a ningún proyecto que la trascienda. Para Todorov, sus intereses actuales no suponen una ruptura con su pasado teórico sino una perspectiva distinta. "No se puede estar eternamente puliendo un martillo sin pensar en clavar un clavo alguna vez". De hecho, muchas de las reflexiones de Todorov sobre textos ajenos ya destacaban el potencial del artilugio narrativo. Para Todorov, por ejemplo, el tema de La quête du Grial es la búsqueda de la propia narración. La novela policíaca, otro caso, no se centra en un misterio a descifrar sino en la negativa de la verosimilitud. La no vela policíaca parte de un hecho aparente y creíble, la historia ya está dada, pero resulta falsa. Todorov, en su análisis de los géneros fantástico y maravilloso da un papel relevante al propio lector Que un texto sea fantástico no de pende sólo de la existencia de un acontecimiento extraño sino, también, de una manera de leer, ya que hay relatos que contienen elementos sobrenaturales que no son sentidos como tal por el lector. Una lectura alegórica, un caso, naturaliza el hecho de que los animales hablen.

Montaigne y los caníbales

En su primera conferencia en Barcelona, Todorov analizó la obra de Montaigne y, en particular, su ensayo sobre los caníbales. Montaigne, con todo, dedicó uno de sus ensayos más extensos al pensador catalán Ramon Sibiuda, un racionalista que consideraba posible fundamentar la fe en la razón y situaba a la naturaleza en función del hombre. La Apología de Ramon Sibuida, a pesar de lo que parece indicar el título, es una mera excusa para que Montaigne dé su propia réplica y se exceda hacia otros asuntos. "Montaigne defendía una posición de relativismo extremo, de inspiración escéptica y Sibiuda no sigue esta línea. El interés que presenta la lectura de Montaigne no excluye el que algunas de sus ideas sean peligrosas. Montaigne renuncia a juzgar culturas ajenas porque, según él, no se pueden entender. Cuatrocientos años más tarde, ésta concepción nos impediría, por ejemplo, condenar el fascismo, el nazismo. Sitúa a la naturaleza por encima de la moral y eso lleva a algunos sociobiólogos contemporáneos nuestros que consideran la violencia como un atributo inevitable del hombre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de marzo de 1983