Crítica:CINE
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Nada como el hogar

Después de su famosa To be or not to be, el director Ernest Lubitsch adaptó a la pantalla una triunfadora comedia húngara, Birthdays (Cumpleaños), que, para confusión de críticos, se llamó en original El cielo puede esperar (1943), es decir, como la reciente película de Warren Beatty que muchos creyeron una nueva adaptación del mismo texto, cuando en realidad lo era Here Comes Mister Jordan (El difunto protesta), que en televisión se emitirá a finales de febrero.Afortunadamente, la película de Lubitsch se tituló en España El diablo dijo no y con ese título se ha repuesto ahora, en versión original subtitulada, dentro del ciclo de la Fox Amar el Cine.

La ironía clásica de Lubitsch

El diablo dijo no

Dirección: Ernest Lubitsch. Guión: Samuel Raphaelson, basada en la obra Birthays, de Lazlo Bus, Fekete. Fotografía: Edward Cronjager. Música: Alfred Newman. Intérpretes: Gene Piernei, Don Ameche, Charles Coburn, Marjorie Main, Laird Cregad. Comedia. Norteamericana, 1943. Local de estreno, Luchana.

No fue muy afortunado Lubitsch con esta su penúltima película (cerró su filmografía dos años después con El pecado de Cluny Brown, también programada en este ciclo). El texto original no le permitió desarrollar su clásica ironía, jugar de tal forma con los elementos dramáticos que la razón oculta de cada personaje signifique al descubrirse una profunda subversión de las costumbres. En El diablo dijo no el director se encontró, por el contrario, con un texto conservador que premiaba con el cielo a un teórico donjuan porque tras su aparente frivolidad se escondía el corazón de un marido fiel. Quizá fue revulsiva esa historia en la época en que se filmó, pero hoy aquellos temas -el cielo, el infierno- no tienen la fuerza simbólica de antaño.De cualquier forma, Lubitsch no ocultó en esta película su condición de maestro en el arte de la comedia. Las situaciones dramáticas, que tienen todo el aire de una historieta en episodios, fueron enriquecidas por él con una sutil perspectiva que acaba ridiculizando a todos los personajes.

Aunque Lubitsch respetó el esquema de la comedia, supo aplicar una visión generalizadora que, con paciencia, se identifica tras las imágenes. Su clásico juego de puertas para narrar sin mostrarlo cuanto ocurre en otra habitación tiene también en esta película una buena ocasión para desarrollarse plenamente.

Lubitsch, además, dirige de forma inteligente a sus actores (al margen de los protagonistas hay que destacar al exquisito diablo que encarna Laird Cregar) y logra transmitir a los decorados la caricatura de su sátira.

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Pero ésta no encuentra apoyo suficiente y la película se diluye por entre momentos menores. El genio de Lubitsch es apreciable, pero no está a la altura de sus mejores obras.

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