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Decidida defensa española de la distensión y el 'espíritu de Helsinki' en la CSCE

España descartó la confrontación en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) de Madrid y se declaró firme defensora del Acta Final de Helsinki. Estos son los términos más relevantes de la esperada intervención del delegado jefe español, Juan Luis Pan de Soraluce, que tuvo lugar en la sesión plenaria celebrada ayer.

Aun cuando el discurso español recoge aspectos candentes del contencioso entre el Este y el Oeste, tales como Polonia, Afganistán y las restricciones a las libertades en la Unión Soviética, conforme a los argumentos utilizados por todos los países occidentales, el tono fue de especial moderación. "Es mi propio tono", comentó posteriormente Pan de Soraluce, "que utilizo en un foro de esta categoría con el propósito de no dificultar el entendimiento".Esta primera intervención, las siguientes serán ya bajo un Gobierno socialista, contrasta con la dureza que a veces utilizó la delegación española en la fase anterior, en momentos de abierta confrontación entre EE UU y la URSS.

El discurso español de ayer, precisamente por su moderación, no hipoteca la actitud que pueda adoptar el próximo Gabinete socialista en relación con la Conferencia.

La apuesta española está nítidamente a favor del reforzamiento de la cooperación europea y de la potenciación del Acta de Helsinki, aun cuando se incluyan denuncias sobre violación de los derechos humanos en Europa oriental, aspecto este último que comparten los socialistas españoles.

La Administración española se une decididamente a la "negociación en los tres campos que aceptarnos ligar en Helsinki: los derechos humanos, la cooperación y la seguridad militar", leyó Pan de Soraluce, quien insistió también en el objetivo de lograr en Madrid "un documento final sustantivo y equilibrado".

La denuncia de situaciones perturbadoras del proceso de distensión, caso de Afganistán y Polonia, sirvieron para que Pan de Soraluce hiciese una reflexión acerca del "callejón sin salida" que supone la confrontación entre el Este y el Oeste y que la única posibilidad de conseguir paz y seguridad en Europa "radica en el establecimiento de un clima de confianza entre el Este y el Oeste, basado, eso sí, inexcusablemente en el desarrollo de la cooperación y ensachamiento de las libertades y los derechos políticos, económicos y sociales".

Con el mismo espíritu político manifestado por todos los países occidentales, miembros o no de la OTAN, respecto a la necesidad de confrontar sin miedo las ideas democráticas imperantes en Occidente con las de la Europa orienta¡, Pan de Soraluce dijo en su discurso que "la seguridad no es concebible de manera aislada sin referencia al hombre y a su dignidad, y ello hace necesario que no nos conformemos con la paz del silencio, sino que trabajemos por la paz de la libertad".

El deseo español, compartido por otros países occidentales y neutrales, de que el Acta de Helsinki debe ser potenciada y las violaciones de la misma denunciadas conforme a la evolución de la situación internacional motivó que España copatrocine las enmiendas al documento-base de esta CSCE -RM/39-, relativas a derechos humanos.

Refiriéndose a una de las piedras angulares del debate Este-Oeste en Madrid, la conferencia europea de desarme, Pan de Soraluce adoptó una posición idéntica a la de sus aliados occidentales. Se manifestó a favor de la celebración de esa conferencia, pero a condición de que se fije previamente un mandato preciso sobre los temas y la zona de aplicación del desarme, a lo que se opone la URSS.

A la pregunta de si el ministro español de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca, había intervenido personalmente en la redacción de algunos párrafos, el delegado jefe español declaró escuetamente que el discurso fue redactado por él mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de noviembre de 1982

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  • La primera intervención de Pan de Soraluce tuvo un tono de gran moderación