Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Salzburgo busca a los herederos de Karl Böhm y Karajan

Aparentemente todo sigue igual en el festival más caro de Europa. Pero desde la muerte de Karl Böhm, acaecida el 14 de agosto del año pasado, Salzburgo carece de uno de sus puntales artísticos. Urbert von karájan, con la salud quebrantada, difícilmente puede sostener la estrúctura turístico monetaria de esta singular manifestación austríaca. Este año, al final del festival, como guinda del pastel, acude Leonard Bernstein al relevo, pero los organizadores sa ben que no pueden asegurarse su presencia de modo permanente. Hay, sí, delfines, aspirantes a la su cesión: úno de ellos es Lorin Maazel', director de la ópera de, Viena; otro; posible heredero. es el ameri cano James Levine, titular del Metropolitan de Nueva York.Levine llegó a Saizburgo casi de tapadiuo, en 1975, para dirigir una nueva producción en la que nadie creía, la reposición de La clemenza di Tito de Mozart, en montaje de Jean-Pierre Ponefle. El éxito sorprendió al comité directivo del Festpiele. En 1978, ya con carta blanca, el festival pernútió al tandem Levine Poñelle realizar una nueva producción de la ópera mozartiana por excelencia, La flauta mágica.

Ponelle, el escenógrafo, ha triunfado en la misma proeza que a Giorgio Strehler le supusiera un sonado fracaso en. 1974. Empleando a fondo todas las -aparentemente- limitadas posibilidades del más vetusto teatro salzburgués, la Feisenreitschule, Ponefle ha creado un universo mágico, misterioso, con rotunda complacencia en las shnbologías masón¡cas de la pieza. Quizá no sea ésta una flauta mágica especialmente profunda o filosófica, pero su tono lúdico, festivo, la convierten. en uno de los pocos espectáculos del festival capaces de justificar los disparatados precios (localidades entre las 6.000 y las 12.000 devaluadas pesetas).

Desde 1980, Levine mantiene doblete en Salzburgo, compaginando la obra de Mozart con una revolucionaria interpretación de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach. El festival sólo ha concedido este privilegio a Karajan, a Böhm y, en tiempos, a Furtwaengler y a George Szell. También aquí ha sido Ponelle el artífice de la escenograiria. El texto musical escuchado en Saizburgo, que sigue parcialmente la edición preparada por Fritz Oeser incorpora una notable cantidad de música no conocida. El orden de los actos se altera -con buen criterio- y un personaje como el de la musa del poeta -ausente de la Versión tradicional- surge como espíritu del bien, contrapuesto a los espiritus del mal que persiguen a Hoffmann. Junto a Levine y Ponelle, es héroe de esta empresa el español Plácido Doniingo, que ha hecho el e sfuerzo de volverse a aprender una obra que ya tenía en repertorio según la versión habitual.

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