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Crítica:CINE / 'REDS (ROJOS)'

Tres horas que aburrieron al mundo

En la película México insurgente, el director frances Paul Leduc se esforzó por divulgar la actividad política del periodista norteamericano John Reed durante la revolución de Villa, el documento se abría a una consideración de la personalidad de su protagonista tanto como al replanteamiento de las contradicciones históricas de los líderes de la guerrilla.Warren Beatty, en cambio, con el presupuesto económico más alto de la historia del cine, según anuncia su publicidad, no ha logrado en las tres horas y cuarto que duras Reds ofrecer una imagen tan rica y compleja. Obligado por la estructura de un filme industrialmente ambicioso, ha considerado como mejor vehículo para atraer al público el de concentrarse en la vida amorosa y sexual de su biografiado, limitando a un correcto segundo plano lo que precisamente hace de John Reed una personalidad sugestiva: el debate moral entre las obligaciones profesionales y su ardor de militante.

Reds (Rojos)

Productor y director: Warren Beatty. Guión: Warren Beatt y Trevor y Griffiths. Fotografía: Viltorio Storaro. Música: Stiphen Sondheim. Intérpretes: Warren Beatty, Diane Keaton, Maureen Stapleton, Edward Herrmann, Jerzy Kosinski, Jack Nicholson. Norteamericana, 1981. Drama. Locales de estreno Palafox y Cartago.

La narración se interrumpe de contínuo para escalonar las tres distintas partes que la constituyen: la guerra, con caballos y tanques que justifiquen el presupuesto, la inquietud política de Reed en largas disertaciones, dobladas sin convicción por los actores españoles, y el amor que todo lo preside hasta el punto de que en plena batalla Reed piensa especialmente en su mujer, más aún, de que se reconcilie sexualmente con ella al son de la Internacional. El resultado de esas partes distintas es prolijo, confuso.

Hay una mecánica interior del cine norteamericano de alto presupuesto que tiene más fuerza que la de guionistas y directores unidos. El "espectáculo" priva y en función de él se sacrifican las mejores intenciones. No hay que dudas de la disposición de Warren Beatty al acometer como guionista, productor, actor y director, una película sobre la vida de John Reed, pero sí apesadumbrarse ante su impotencia. Beatty logra sólo esporádicamente sujetar las riendas de su proyecto, conduciendo la historia por los caminos de la información o el melodrama. Pero se impone el criterio económico y los aciertos quedan sepultados por el cartón-piedra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de marzo de 1982