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Crítica:OPERA

Una emotiva versión de "Lucia de Lammermoor"

Siguiendo la temporada de ópera en el Gran Teatro del Liceo tuvimos la ocasión de oír una bella y emotiva versión de Lucia di Lammermoor, de Donizetti. El numerosísimo público congregado en el teatro barcelonés pasó una velada sumamente agradable, ya que la célebre ópera de Donizetti fue expuesta con máxima calidad, viveza y, sobre todo, comunicatividad. Conipletó el éxito del espectáculo la producción procedente de la Arena, de Verona, y el elegante vestuario de Arrigo, de Milán.Lucia di Lammermoor es una, de las operas mas representativas del bel canto de la primera mitad del siglo XIX. Alfredo Kraus en el papel de Edgardo, con una voz noble, limpia y penetrante, unida a unas superbas todas interpretativas, demostró una vez más su categoría fuera de serie. Fue aplaLidido a lo largo de toda la ópera, pero sobre todo fue en la bella aria Tu che a Dio spiegasti l'ali.

Lucia de Lammermoor, de Donizeni

Director de orquesta: Elio Boncompagni. Intérpretes: Norman Philips, barítono; Cristina Deutekom, soprano; Alfredo Kraus, tenor; Josep Ruiz, tenor; Roberto Nalerio-Frachia, bajo, y Cecilia Fondevila, soprano. Orquesta y, Coro del Gran Teatro del Liceo.Gran Liceo. Barcelona, 14 de enero

Cristina Deutekom, en el papel de Lucia, ofreció una magnífica creación de su personaje. Su voz, de amplio registro y de gran maleabilidad tímbrica, le permite una extensa gama de matices que van desde unos sugestivos pianissimi hasta unos agudos logrados con máxima naturalidad y perfección. En la famosa escena de la locura puso de manifiesto sus grandes dotes interpretativas sea musicales que teatrales, a través de los más diversos hallazgos vocales y de una muy lograda indentificación.

Los otros cantantes, Norman Philips (Enrico Ashton), Josep Ruíz (Arturo Buklaw), Roberto Nalerlo-Frachia (Ralmondo) y Cecilia Fondevila (Alisa) estuvieron también a gran altura. Lo demostraron así en el famoso y esperado sexteto, que cierra el segundo acto. La labor del director italiano, Elio Boncompagni, fue espléndida. Particularmente notables fueron los acompañamientos de las ari.as, que logró un especial encanto. La orquesta le secundó con total comprensión y belleza de sonido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de enero de 1982