Los hermanos Ferrero reconocen que mezclaban aceite de colza con otros de semillas y aditivos

Las declaraciones de cuatro de los principales procesados en el sumario del aceite de colza fueron presentadas ayer a la Prensa por el ahogado de la acusación Antonio García Pablos. Estas informaciones fueron realizadas después de que prestaran declaración ante el juez instructor encargado del tema, en la Audiencia Nacional.

Hasta el momento han acudido a la Audiencia Nacional los hermanos Ferrero, propietarios de Raelca; su cuñado Cándido Hernández; los hermanos Bengoechea, propietarios de RAPSA, y el delegado de esta empresa en Madrid, José Luis Garrote. Los días 28, 29 y 30 prestarán declaraciones en Madrid otros de los implicados de Cataluña, como Jorge Pich, el propietario de Aceites Valencia, y Ramón Alabart, respectivamente.A las declaraciones de los procesados asisten los abogados defensores de los mismos, así como los acusadores y el juez instructor. El abogado García Pablos mostró su extrañeza al no haber hecho acto de presencia en ningún momento la parte fiscal.

Las declaraciones más relevantes hasta ahora han sido las prestadas por los hermanos Ferrero, quienes, entre otras cosas, han reconocido que mezclaban aceite de colza con aceite de semillas y aditivos, así como que en junio de 1980 tuvieron su primer contacto con los Bengoechea, de la empresa RAPSA, quienes se trasladaron a Madrid para conocer las instalaciones de Raelca.

Declaraciones de Ramón Ferrero

Ramón Ferrero reconoció que a él le correspondía disponer las mezclas hechas en los aceites de semillas, así como la distribución de colorantes, como la clorofila y el betacaroteno. También dijo que ignoraba que existiera alguna disposición que prohíba la comercialización de aceites de semillas y de oliva en un mismo almacén, porque, de hecho, se viene haciendo en todas las empresas fabricantes de aceite.

Afirmó también que las triolaínas le fueron suministradas por Lípidos Ibéricos, y que nunca ha vendido aceite de colza solo, sino mezclado. En cuanto a sus proveedores, Ramón Ferrero declaró que Alabart Hermanos les había servido girasol, colza y pepita de uva; que Alamar les había servido primero semillas, y más tarde, colza refinado y orujo; la empresa Abascal les había enviado aceite de granilla de uva y colza refinada, y Lípidos Ibéricos le sirvió las trioleínas.

En cuanto al aceite enviado por RAPSA, según Ramón Ferrero, empezó a recibirse a primeros de mayo, después de que hubieran pasado por las empresas refinadoras Itehache y Danesa Bau. Ferrero insistió que cuando hablaba de colza se refería a colza comestible, ya que nunca adquirió colza industrial, y declaró que si RAPSA le había vendido colza desnaturalizada era porque le habían engañado.

En cuanto a la visita de Juan Miguel Bengoechea a Madrid, Ferrero informó que no había sido concertada previamente, sino que Bengoechea se había presentado en Raelca para ofrecerle la venta de aceite de semillas. Ferrero dijo también que tanto Bengoechea como su delegado en Madrid pudieron ver que los envases que comercializaban eran de cinco o de un litro, lo que significaba que vendían aceite para el consumo humano. Manifestó también que cuando devolvió a RAPSA la primera partida de aceite, «porque olía mal», nunca le manifestaron que se tratase de colza desnaturalizada.

Ferrero hace más tarde una relación de sus contactos con Jorge Pich y de la conversación telefónica que mantuvo con el delegado de RAPSA y con los Bengoechea, en la que le pidieron que dijera que el aceite que RAPSA les había vendido era para oleínas, ácidos grasos y jabones, pidiéndole asimismo que hiciera una factura para que figurara como si se lo hubiera vendido Jorge Pich.

Elías Ferrero , describe las mezclas

Por su parte, el otro propietario de Raelca, Elías Ferrero, reconoció que en uno de los diez depósitos con que contaba la empresa había una mezcla de aceite de semilla de girasol con pepita de uva, así como una cisterna de orujo y una cantidad de unos 25.000 litros de trioleínas en otro depósito. Informó también que no contaban con ninguna mezcladora, sino que la mezcla se hacía a través de una bomba externa de la que iban provistos los depósitos. Estas mezclas, según Elías Ferrero, solían hacerse en partidas de 30.000 litros, a razón de 10.000 de granilla de uva, 10.000 de colza y 10.000 de semillas. Respecto a las trioleínas, no echaban una cantidad fija, sino que variaba de 2.000 a 1.000 litros.

Elías Ferrero explicó que los vendedores ambulantes cargaban en el almacén de manera variable, viniendo algunas veces cargados con otras garrafas que procedían de otros almacenes.

Otro de los puntos importantes de su declaración fue que el aceite que vendían a los churreros llevaba trioleínas, por lo que abarataban el precio en cinco pesetas por litro Para el copropietario de Raelca, la venta que su empresa hacía era perfectamente conocida por todo el mundo, ya que, según sus declaraciones, infinidad de policías municipales y nacionales de Alcorcón iban al almacén a comprar aceite.

En un momento de su declaración, Elías Ferrero, así como su hermano, hacen referencia a la visita de la que fueron objeto antes del 10 de junio por parte del doctor Muro y el doctor Oliva. De esta visita sólo «puedo decir», ha declarado, «que el doctor Oliva dijo al doctor Muro que no mirase más, que no había lo que ellos buscaban».

El delegado de RAPSA en Madrid, Cándido Garrote, afirmó ante el juez instructor que no se enteró que existían relaciones comerciales entre RAPSA y Raelca hasta el mes de junio de 1981, ya que en otras ocasiones tanto los Bengoechea como los Ferrero le habían negado que existiera esta relación.

Garrote justifica el interés demostrado por él en que tiene derecho a cobrar un 10 % de comisión de todas las ventas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de diciembre de 1981.

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