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Polémica médica sobre la construcción de un muro en torno al Hospital Psiquiátrico de Bétera (Valencia)

El Hospital Psiquiátrico de Bétera (Valencia) va a ser encerrado tras una valla de 2.600 metros, presupuestada en 42 millones de pesetas, al ser aprobado este proyecto, que apoya la dirección hospitalaria, por el pleno de la Diputación de Valencia. El vallado, de construcción inmediata, ha provocado una cadena de reacciones encontradas entre los políticos y psiquiatras responsables de la dirección del centro, y los trabajadores, entidades profesionales y sindicatos, por considerar estos últimos que el muro no es la solución a los problemas de los 550 internos de Bétera.

El acuerdo adoptado por el pleno de la Corporación provincial en la sesión del 15 de octubre respondía a una propuesta de la Comisión de Salud Pública, que argumentaba con «las numerosas fugas de pacientes, ya que la actual valla está llena de agujeros», y aludía a la inutilidad de las reparaciones, pues, «por la propia estructura de la valla actual, vuelve a abrirse con suma facilidad». Pedro Fos, diputado y director del hospital, del PSPV-PSOE, afirma que, «con seis meses que no paguemos indemnizaciones por internos fugados que aparecen muertos», el presupuesto del muro quedaría compensado.El vallado, desde el punto de vista económico es, por tanto, rentable, según la Diputación y la dirección del hospital. Habitualmente, por cada enfermo fugado y muerto extramuros es recompensada la familia, por vía judicial, con cantidades que oscilan entre uno y tres millones de pesetas por muerte. De 1975 a 1980 se han producido, según fuentes de la Diputación, 49 muertes en estas condiciones, lo que supondría, según las evaluaciones del diputado, 49 millones de pesetas, por lo menos, de indemnizaciones, a los familiares, al ser la Corporación responsable subsidiario.

No obstante, el presupuesto final ha quedado recortado al adjudicar las obras la comisión de contratación de la Diputación a la empresa Dragados y Construcciones, que presentaba el proyecto de vallar el recinto por un presupuesto menor en doce millones de pesetas a la cifra inicial de la subasta. Tras esta abjudicación de las obras, la empresa constructora dispone de tres meses para concluir el muro.

El reducto psiquiátrico de Bétera estará rodeado entonces por un muro de ladrillo macizo, de metro y medio de altura y veinticinco centímetros de espesor, que sólo tendrá dos puertas de entrada y salida. Sobre el muro, que estará cimentado con hormigón armado, se colocará un cerramiento de mallazo electrosoldado de metro y medio más de altura, que terminará con alambre de espino. Unos cuatro metros de sólido armazón impedirán las fugas de los internos.

El doctor Emilio Begani, jefe de los servicios psiquiátricos provinciales y director-médico del centro, califica esta obra de «mal necesario. Estoy en contra de la valla», asegura, «pero ahora es necesaria. Desearía que dentro de un año pudiéramos tirarla simbólicamente ». Bogani considera que « la represión del enfermo no está en la valla, sino en la familia, en la sociedad, en la abulia de los profesionales. Es preciso proteger al enfermo; hay que evitar que los desvalidos se fuguen y mueran. Me parece demencial la actual valla metálica con agujefos que rodea el hospital».

Pese a la celeridad con que la Diputación, apoyada por los municipios de la comarca, ha emprendido el proyecto, la. oposición al muro es intensa entre los trabajadores del centro, colectivos psiquiátricos, sindicatos, salvo UGT, y movimiento ecologista. Este psiquiátrico. siempre ha estado rodeado de una leyenda de cantera de «violadores y perturbadores de la vida ciudadana» que ha despertado innumerables quejas piara tranquilizar las conciencias y reforzar el control de los internados.

Complejo turístico en los años setenta

Desde el punto de vista arquitectónico, el hospital fue levantado con criterios de complejo turístico muy propios de los años setenta. La mentalidad franquista, vigente entonces en la Corporación provincial, aplaudió incluso la construcción de un hotel de cinco plantas dentro del recinto para las visitas familiares. Todavía no se ha inaugurado, ya que la familia procura olvidarse del enfermo una vez conseguida una plaza de las 1.200 que potencialmente tiene el hospital.Por otro lado, la aplicación en los últimos años de una nueva asistencia psiquiátrica, que no considera la locura enfermedad y practica la dinámica de puertas abiertas para reinsertar al interno en su vida social de origen, añadió nuevos elementos de polémica que explican las razones argumentadas para el vallado.

La oposición al proyecto Fos surge de los colectivos profesionales partidarios de desmantelar el manicomio y buscar un cambio social en el tratamiento de la locura. Estos señalan que «es ineficaz, terapéuticamente, aislando más a los internados y también a los trabajadores del hospital, que se transforman en carceleros y convierten al ciudadano en potencial prisionero». Además, puntualizan que «está en plena contradicción con la línea programática de la comisión de Sanidad del PSOE, actual dirigente de la Diputación».

La Asociación Española de Neuropsiquiatria considera, por su parte, «totalmente desacertada esta medida», y estima que la evolución mundial en este campo de la salud es «ir derribando las tapias para dar soluciones adecuadas a las necesidades de los internados y para poner en práctica eficazmente los instrumentos terapéuticos». La Asociación pide a la Diputación la revisión del acuerdo, no sea que este fuese «fruto de la precipitación e impaciencia que se producen, a veces, ante cierta problemática institucional».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1981

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