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Resurge el nacionalismo en Cerdeña

Italo Ortu, alcalde de Bauladu, provincia de Cagliari, en Cerdeña, ha sido estos días protagonista de una dura lucha para promocionar el dialecto de la isla. Finalmente fue absuelto de la acusación que había sido formulada contra él por haber jurado su cargo no sólo en italiano, sino también en sardo.Esta acusación, que le llevó ante los tribunales, causó gran impresión en la región de Oristano, dónde los nombres de las calles están escritos primero en el dialecto de la zona y después en italiano.

La absolución del alcalde de Bauladu ha animado a los defensores de la autonomía sarda, y la revista Nazione Sarda está recogiendo firmas para pedir la instauración del bilingüismo en la isla, que ya hoy goza de un estatuto especial. Dicha revista ha acusado al mismo tiempo al Ministerio de Educación de ejercer presiones sobre algunos maestros para evitar la introducción del dialecto sardo en las escuelas.

En realidad, este problema de la lengua, que para los habitantes de Cerdeña es más que un simple dialecto, y no se puede separar de toda una cultura y una historia particular, ha preocupado siempre a Roma, que teme que algún día de pie a los más extremistas para emprender el camino del separatismo.

El diputado comunista Umberto Cardia, que se ha interesado siempre por el aspecto peculiar de la lengua como elemento cultural de un país, ha afirmado que, aunque en realidad hubo algunos momentos en los que el movimiento nacionalista sardo parecía tentado por el separatismo, hoy no existe ese peligro, ya que el «radicalismo lingüístico es algo muy distinto de separatismo».

El Gobierno se va inclinando hacia una liberalización del uso del dialecto sardo como primer paso a un auténtico bilingüismo, pero los grupos sardos más radicales piden una equiparación total del italiano y del sardo en las escuelas, en los documentos ofíciales, en los procesos judiciales, etcétera. En Roma, prefieren ir paso a paso. Como sucede siempre en Italia, la cosa se irá resolviendo por sí misma hasta que las fuerzas políticas acaben por acatar los hechos consumados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de marzo de 1981