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REVISTA DE PRENSA

La firmeza de Suárez

Evidentemente -y ahí está la promesa a cumplir por el jefe del Ejecutivo-, la autonomía vasca debe pasar de la retórica grandilocuente a la asunción de sus propias competencias y responsabilidades. Eso sí, asumidas por competentes y responsables. Y mal ejemplo de esto último ha sido la actitud peneuvista, poniendo en el disparadero a su batería de alcaldes.Hay aquí un fenómeno aún grave, como es el sentimiento de resistencia que el nacionalismo vasco pretende mantener frente al Estado. Es lo que le lleva a querer arrancar «sus» derechos.

Como contrapartida positiva aparece un mejor nivel de entendimiento entre los gobernantes de ambos «lados» y la tenacidad mantenida por los negociadores de las transferencias, sin aceptar las presiones. A cada uno lo suyo, y su tiempo.

, 12 de diciembre

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de diciembre de 1980