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REPORTAJE

Felipe González expone un programa de gobierno basado en el respeto y desarrollo de la Constitución

Felipe González expuso ayer ante el Congreso de los Diputados un programa de gobierno fundamentado en el respeto y desarrollo de la Constitución de 1978. El líder socialista dedicó especial atención a la construcción del Estado de las autonomías, «más próximo al Estado federal que a otros modelos», y dibujó un mapa preciso de acceso a la autonomía por la vía del 151 y del 143 -que incluye a todas las comunidades autónomas posibles en España-, sobre la base de no discriminación ni imposición de una u otra vía. Previamente a su intervención se produjeron diversas escaramuzas dialécticas entre el Gobierno y la izquierda iniciadas con la intervención de Alfonso Guerra en nombre de los 36 socialistas que firmaron la moción de censura al Gobierno Suárez, cuya votación está prevista para esta noche.

El protagonismo que ayer correspondía a Felipe González -y que a su llegada al Congreso se puso de manifiesto mediante los aplausos de un grupo de personas, en su mayoría mujeres- estuvo a punto de verse enturbiado por el encadenamiento de intervenciones de miembros del Gobierno y diputados de la izquierda, tras la intervención inicial de Alfonso Guerra.Al margen de otros contenidos de estos diálogos, se reafirmó la impresión, ya evidenciada en la sesión parlamentaria anterior, de que entramos en una etapa que podría calificarse del desconsenso. En definitiva, consiste en sacar a la luz parlamentaria y trasladar a la opinión pública, a través de los poderosos medios de comunicación social -especialmente RTVE, que transmite estos debates-, algunos de los numerosos secretos, consensos y pactos que se fraguaron durante la primera etapa democrática en los despachos y, en todo caso, sin publicidad ni luz ni taquígrafos.

La intervención de Felipe González, con la que se cerró la sesión de ayer duró 113 minutos, es decir, diez más que la que hace una semana correspondió al presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. El presidente de la Cámara, Landelino Lavilla, llamó la atención de Felipe González cuando ya había superado en más de un cuarto de hora el tiempo inicialmente previsto de sesenta minutos. Adolfo Suárez hizo señas significativas de que su oponente para la jefatura del Ejecutivo continuara en el uso de la palabra.

La mayoría de los miembros del Gobierno tomaban notas durante la intervención de Felipe González, que en todo momento asumió con seriedad y sin ironía su papel de candidato a la presidencia del Gobierno. Según informaron a EL PAIS fuentes oficiosas, un equipo de ejecutivos siguió la intervención de Felipe González, con el encargo de evaluar económicamente el programa presentado por el líder socialista, a fin de exponer hoy a la Cámara cuál sería su coste, en caso de que obtuviera el mínimo de 176 votos necesarlos.

El discurso de Felipe González tuvo como ejes la construcción de las autonomías, muy relacionada con la reforma de la Administiación, la solución a los problemas socioeconómicos; la situación internacional y el papel de España en ella, y el binomio seguridad y libertad.

Sobre la base de un estricto respeto a la Constitución, Felipe González consideró que la construcción de las autonomías es condicionante, aunque no prioritarla en el tiempo, y siempre sobre la base de una reforma de la Administración pública que permita un mayor rendimiento a los ciudadanos, una racionalidad de la función y favorezca el paso necesario de competencias de la Administración central a la autonómica.

Insistió el líder socialista en el respeto a la Constitución en lo que se refiere a la generalización de las autonomías, sin discriminaciones ni imposiciones y sobre la base del pleno funcionamiento y desarrollo de los estatutos ya aprobados. Especialmente propugnó la inmediata acción para lograr la equivalencia absoluta del Estatuto gallego con el del País Vasco y el de Cataluña.

Las dos vías

En cuanto a Andalucía, anunció un respeto a la clara voluntad autonómica demostrada, la repetíción del referéndum en Almería y la modificación de la ley orgánica del Referéndum. Con respeto siempre a la voluntad autonómica de cada región, propugnó para el País Valenciano, Canarias y Aragón la vía del artículo 151, y para Baleares y Extremadura, la que ambas regiones decidieran. En cambio, propugnó la vía del 143 para Asturias, Cantabria, Murcia, Rioja, Castilla-León y Castilla-La Mancha. Asimismo defendió para Navarra, si no se incorpora a Euskadi, la constitución en comunidad autónoma, con respeto y desarrollo de su régimen foral. Ceuta y Melilla también accederían a la autonomía, e igualmente Madrid, respetando su condición de capital del Estado.Felipe González anunció el diseño de un calendario electoral que contendrá las distintas fases electorales e incluirá la simultaneidad de las elecciones autonómicas y municipales de 1983. En todo caso, cada comunidad autónoma tendrá garantizada la Asamblea Legislativa, el Consejo de Gobierno, y el Tribunal Superior de Justicia.

En el aspecto socioeconómico, el programa gubernamental dibujado por Felipe González se asienta sobre el objetivo de acabar con la diferencia entre las personas y los territorios. Como clave de la crisis económica situó a la productividad, pero sobre la base de la concertación entre trabajadores y empresarios, con el respaldo del Parlamento y un adecuado estatuto para las empresas públicas.

Sobre la situación internacional, aludió a la tensión Este-Oeste, y propugnó la no alineación de España con ninguno de ambos bloques, así como la incorporación a la Comunidad Económica Europea, con cuyas instituciones y usos democráticos propugnó que debe homologarse la vida española. La parte final de la intervención fue dedicada a la seguridad y la libertad. Destacó el catálogo de leyes para desarrollar la Constitución.

El "desconsenso"

La intervención de Alfonso Guerra, que abrió la sesión de ayer y que incluyó denuncias concretas sobre la corrupción en RTVE y en el mundo del deporte, suscitó una réplica del ministro de la Presidencia, Rafael Arias-Salgado, quien en sus ataques al diputado socialista fue muy aclamado por un sector de los escaños centristas.La alusión de Arias-Salgado al posible Gobierno frentepopulista PSOE-PCE produjo la intervención de Santiago Carrillo, quien reveló, con pelos y señales, la oferta de Adolfo Suárez, en junio de 1978, a los comunistas de un pacto de gobierno. Tanto Fernando Abril como Adolfo Suárez negaron insistentemente ese pacto, aduciendo las diferencias ideológicas entre centristas y comunistas y reconduciendo las reuniones citada por el líder comunista hacia sesiones de trabajo relacionadas con la situación socioeconómica o la elaboración de la Constitución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de mayo de 1980

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