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Reportaje:

El Rey presidió el funeral por su abuelo, Alfonso XIII, que reinó en la basílica de Escorial

El Escorial
Los restos mortales de Alfonso XIII, que reinó en España de 1902 a 1931. reposan desde ayer en el monasterio de San Lorenzo del Escorial, cumpliéndose así, 39 años después, la última voluntad del monarca, quien en su testamento, redactado desde su exilio en Roma, decía: «Ruego que si no se pudiera en seguida de morir darme sepultura en el panteón de El Escorial. con mis antecesores en el trono, se haga así tan pronto como sea posible.» Su nieto, don Juan Carlos I. presidió ayer el funeral por don Alfonso XIII, en la basílica de El Escorial. donde el monarca será inhumano en los próximos días. Con este acto se cerrará la ceremonia del traslado de sus restos mortales, que ha presidido su hijo don Juan de Borbón. y en la que han participado los tres ejércitos: la Armada, que los recibió en el puerto de Cartagena, la Aviación, que los transportó desde San Javier a Getafe y el Ejército de Tierra, que le rindió honores en El Escorial.

Las campanas del herreriano monasterio de El Escorial empezaron a tocar a duelo a las doce en punto de la mañana de ayer. Los restos mortales de Alfonso XIII tardarían aún hora y media en llegar a la basílica, donde, finalmente. el funeral por el alma del rey fallecido hace 39 años comenzó a las dos menos cuarto de la tarde. La familia real decidirá más tarde el momento preciso de dar definitiva sepultura al féretro, en el panteón de los reyes, previsto, en principio, para los próximos días.A las once de la mañana, más de la mitad de los asientos reservados para invitados en el interior del templo ya habían sido ocupados. La carretera, desde Madrid, presentaba una continua hilera de vehículos que ascendían hacia el pueblo serrano. Los guardias civiles de puesto de trocha vigilaban el camino con las armas largas apuntando al suelo, en señal de luto, y pasaban frío, protegiéndose de él lo mejor que podían arrebujados en los capotes o apretando los puños.

Nieve y hielo

Algunas zonas de nieve y hielo en la carretera hicieron el papel de preparativo para encontrar de lleno la nieve en el pueblo, que caía a ráfagas y a ratos. acumulada ya en el suelo y helada en diversos parajes. La caravana de coches a duras penas se fue introduciendo por las callejuelas para aparcar donde se pudiera. El hielo hizo resbalar más de un vehículo, aunque no hay datos de graves desperfectos.

Sobre El Escorial. un cielo plomizo, un aire limpio, cerros grises ribeteados del blanco de la nieve, y un frío intensísimo. Los fotógrafos de prensa se encontraron en momentos de apuro para manejar sus cámaras, agarrotados casi sus dedos. A las dos horas y media de estar allí, tomar notas con el bolígrafo resultaba difícil. Y parecía increíble que los niños cantores de la escolanía. vestidos sólo con jersey, no dieran muestra de tener frío.

Vendedores ambulantes. en sencillos puestecillos, ofrecían numerosas banderas de España. bufandas y gorros con los colores rojo y gualda. a cuatrocientas y doscientas pesetas, según tamaño. La mayoría del público apostado en el muro de la lonja del monasterio se cubría la cabeza con estos gorros o abrillaba el cuello con estas bufandas, o portaba, principalmente niños llegados en autobuses. banderitas. Todo el muro frontal a la fachada principal del monasterio. unos 150 metros de largo, se hallaba ocupado por hombres, mujeres y niños.

Por el acceso central de la lonja iban pasando los invitados al funeral. Uniformes militares, chaqués, abrigos de pieles. Un miembro de la Oficina de Información Diplomática, del servicio de protocolo. atiende a un caballero con tarjeta de invitación. que ya no encuentra lugar donde sentarse. Le explica que hay ochocientas plazas, pero que se han repartido más invitaciones. Hace días que en el palacio de La Zarzuela los teléfonos no han dejado de sonar solicitando invitaciones.

A excepción de los puestos de mayor honor. la basílica está prácticamente llena mucho antes de que llegue al monasterio el cortejo fúnebre. En el área reservada para las esposas de los ministros se registra un pequeño incidente. Los primeros bancos han sido ocupados por señoras que no son esposas de ministros. y se ven obligadas a levantarse a requerimiento del encargado de protocolo en esa zona. Hay también confusión por otros puntos del interior del templo. Incluso los bancos destinados a la prensa son pronto tomados por otros invitados al solemne e histórico acto fúnebre.

Llegada en helicóptero

A las doce y media llega el féretro a la plaza de toros de El Escorial, lugar desde donde partirá el cortejo. La llegada, en formación de helicópteros, inicia propiamente el acto. Desde allí, en un armón, el féretro, de caoba y herrajes de bronce, y zinc en el Interior, recorre kilómetro y medio a través del pueblo hasta llegar a la lonja del monasterio. Tarda una hora en hacer este itinerario. El cortejo lo preside don Juan de Borbón. en uniforme de sala de almirante. Le sigue el jefe del Estado Mayor del Ejército, el capitán general de la I Región Militar. el teniente general jefe de la Región Aérea y el almirante jefe de la Jurisdicción Central de la Armada. Mientras los miembros del Gobierno llegan a la puerta principal del monasterio y esperan.

A las 13.20. el público grita vivas a los Reyes. Estos gritos. aplausos y la agitación de banderitas son simultáneos a la aparición de don Juan Carlos v doña Sofía, acompañados del Príncipe de Asturias y las dos infantas. Una compañía conjunta de los tres Ejércitos y una compañía de la Guardia Real rinden honores al Rey.

A las 13.35. el armón pasa por la lonja. por delante de la puerta principal del monasterio, y se detiene. Himnos militares. Las mismas compañías rinden honores y desfilan ante don Juan Carlos. En el silencio de la fría mañana serrana, la voz del prior de los agustinos, padre Gonzalo Díaz, se oye tranquila y clara al dar constancia de que recibe los restos mortales.

Unos segundos después, don Juan de Borbón entra en el inmediato Patio de los Reyes, donde tendrá lugar la entrega del féretro a los religiosos del monasterio. El féretro pasa a continuación, llevado por veinte miembros de la Guardia Real. que lo sostienen con las manos agarradas a gruesas barras de hierro a la altura de sus pechos. El féretro, cubierto con la bandera de España, es depositado en el túmulo, y sobre él el alcalde socialista de El Escorial impone la medalla de oro de la ciudad. Es ya don Juan Carlos quien preside el cortejo, acompañado de la reina doña Sofía, el Príncipe de Asturias, y las infantas. Una batería de cañones, de puestos en los jardines del monasterio, Inicia en ese instante las salvas de ordenanza, veintiuna, correspondientes a la máxima categoría en actos fúnebres. Las campanas del monasterio siguen tañendo a duelo y no dejarán de hacerlo hasta el comienzo del funeral.

Funeral en la basílica

El cortejo atraviesa el amplio y luminoso patio. Dos filas de agustinos escoltan el féretro, detrás de los Reyes, autoridades militares y del Gobierno. El cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá, monseñor Vicente Enrique y Tarancón, que dirigiría la misa concelebrada con, religiosos agustinos, sale a recibir 2 los Reyes. Ya en el atrio de la basílica los Reyes y el prior de los agustinos se sitúan bajo palio y en

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El Rey presidió el funeral de su abuelo

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tran en el templo. El órgano interpreta el himno nacional.

El féretro es colocado en el túmulo frente al altar. La corona real reposa sobre la cabecera.

Los Reyes, que presiden el acto, ocupan su puesto junto al altar en el lado del evangelio. Con ellos, el Príncipe de Asturias, las Infantas y los jefes de la Casa Real. Frente a ellos, en el lado de la epístola, el prior de los Agustinos.

Abajo, a la izquierda, a la altura del túmulo, se va situando el Gobierno. Detrás, las esposas de los ministros. En la misma línea del crucero, a la derecha, toma sitio la Mesa del Congreso de los Diputados y el Senado. Detrás, los representantes de Ios partidos políticos (salvo el Partido Socialista Andaluz, representado por su líder, Alejandro Rojas Marcos y UCD, cuyo presidente, Adolfo Suárez, asistió en calidad de jefe del Gobierno, ningún otro partido estuvo representado por su dirigente máximo).

Al centro, frente al túmulo, en la parte derecha del pasillo central, se sitúan don Juan de Borbón, su esposa, doña Mercedes, y la infanta Cristina, hermana de Alfonso XIII. Detrás, la familia real, y con ellos, el ex rey de Italia, Humberto de Savoya. A continuación, la grandeza de España, oficiales generales, laureados y representaciones de las órdenes militares y del cuerpo diplomático.

Atrás, a ambos lados del pasillo central, los invitados.

A medida que el féretro es trasladado al túmulo y los Reyes y altas autoridades ocupan sus sitiales, entre los asistentes al acto se produce la ansiedad de querer ver todos los detalles. Pero no todos tienen buen ángulo de visión. Por eso, llevados de tan ferviente deseo, al final de la basílica, en los laterales de la nave central y a ambos lados del crucero, quién más y quién menos no se resigna y se pone de puntillas, se sube a los reclinatorios, se pone encima de los bancos y hasta sobre el antepecho superior de los bancos o se encaraman a los altos candelabros metálicos de la nave central.

Poco a poco, la mayor parte de los elevados descienden a sentarse o quedar sencillamente en pie, al tiempo que se inicia la misa. Luego, monseñor Tarancón aludirá al gran amor de Alfonso XIII por España, que alcanzó su gesto máximo en alejarse del país, dijo, para evitar derramamiento de sangre, así como al hecho de que sus restos mortales no hubieran podido ser traídos hasta ahora.

Terminada la ceremonia, a las 14.45, el féretro fue de nuevo llevado a brazo hasta la cripta, donde recibirá sepultura en la intimidad en los próximos días. Ya en la puerta de la lonja los Reyes se despidieron de don Juan y doña Mercedes, y de los miembros del Gobierno. entre nuevas aclamaciones del público congregado en el exterior del monasterio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de enero de 1980

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