Calidad técnica en la selección de las cinematografías polaca y húngara
El pasado lunes se inauguró en la Filmoteca Nacional, con una rueda de prensa presidida por los directores de cinematografía de Polonia y España, una muestra de cine polaco. El miércoles, con una rueda de prensa presidida por el director de la Filmoteca Nacional y tres realizadores húngaros, comenzó un ciclo de cine húngaro. Los dos festivales están integrados por una selección de las más destacadas películas recientes de ambas cinematografías que, después de haberse exhibido en Valladolid y Barcelona, llegan ahora a Madrid.
La selección polaca está integrada por seis largometrajes, entre los que destacan Sin anestesia (1978), penúltima obra del conocido realizador Andrzej Wajda, que representó a su país en el pasado Festival de Cannes, y La espiral, última película de Krzysztof Zanussi. La Semana de Cine Polaco está organizada por la Dirección General de Cinematografía en colaboración con el Ministerio de Cultura y Arte de Polonia y la embajada polaca en Madrid. La delegación polaca está integrada por Wieslaw Stempel, director de la Oficina Central del Cine de Polonia, el realizador Andrzej Trzos-Rastawiecki, del que se presenta Donde quiera que estés señor presidente (1978), y la actriz Ewa Dalkoska, protagonista de la película de Wajda.La programación húngara está integrada por trece largometrajes, entre los que sobresalen La educación de Vera (1978), de Pál Gábor; Ellas dos (1977), de Marta Mészáros, y Salmo rojo (1971), Rapsodia húngara (1979) y Allegro Barbaro (1979), de Miklós Jaricsó, el mejor realizador del cine del Este.
La delegación húngara está compuesta por los realizadores Sandor Simó, János Rozsa y András Kovács, de los que se proyecta, respectivamente, Años felices de mi padre (1978), El trompeta (1978) y La remonta (1978).
Tal y como se indicó en ambas ruedas de prensa, las cinematografías polaca y húngara han alcanzado una considerable calidad técnica, especialmente en comparación con su reducido mercado interior, gracias a los continuos esfuerzos hechos para mejorarlas desde que se nacionalizaron, al finalizar la segunda guerra mundial. Tienen una producción que oscila alrededor de los veinte largometrajes anuales, y, al no estar impulsadas por exigencias comerciales directas, dado que son financiadas por el Estado, pueden dedicarse libremente a la resolución de sus problemas. Especialmente la cinematografía húngara, por la creación del estudio de producción Béla Balász, puente entre la escuela de cine y los restantes estudios de producción, ha alcanzado un elevado nivel medio, pero debido a su limitada fuerza comercial tiene dificultades para abrirse camino en el mercado mundial.


























































