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Se estrenó la versión cinematográfica del musical "Hair"

Hair, la última película del checo Milos Forman, basada en el célebre musical de Gerome Ragni y James Rado, se estrena en Madrid, después de haber inaugurado el último festival de Cannes.

Entre las películas presentadas en el Festival de Venecia de 1965 sobresale Los amores de una rubia, una producción checoslovaca en blanco y negro con director y actores entonces desconocidos. Su director es Milos Forman que, tras hacer su práctica de fin de carrera en la Escuela de Cine de Praga, sólo ha dirigido otra película, Pedro el Negro (1963), de similares características. A través del premio que Los amores de una rubia gana en Venecia se empieza a hablar internacionalmente de lo que más tarde se denomina Escuela de Praga, integrada por Vera Chytilova, Milos Forman, Jan Kadar, Jiri Menzel, Ivan Passer, etcétera.Tras la liberalización, que hace que la Escuela de Praga alcance una gran altura y que sus películas ganen premios en los principales festivales, la invasión de Checoslovaquia por las fuerzas soviéticas en el verano de 1968 significa la imposibilidad de seguir trabajando en libertad. La Escuela de Praga se deshace y la mayoría de los realizadores que la integran no vuelven a hacer cine en su país o tardan muchos años en lograrlo. El grupo más decidido intenta trabajar en Estados Unidos: Vera Chytilova no lo consigue, Ivan Passer no tarda en hacer interesantes películas de serie B, pero los que más fácilmente logran sus objetivos son Jan Kadar, por haber ganado el Oscar a la mejor película extranjera en 1965, con Tienda en la calle mayor, y Milos Forman, por haber hecho ¡Al fuego, bomberos! (1967) en coproducción con Carlo Ponti.

La carrera norteamericana de Milos Forman, que le lleva a cambiar de nacionalidad a mitad ¿le la década, empieza con Taking Off (1970), una comedia sobre la juventud de la droga donde emplea el mismo esquema que había utilizado para retratar a la juventud checa; continúa con un sketch de la película olímpica Visions of Fight (1972), y llega a la cima con Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), adaptación de una novela de Ken Kesey que gana los principales Oscar del año. Su última película es Hair (1979), que inaugura el pasado Festival de Cannes y que ahora se estrena en Madrid, personal adaptación de la famosa obra teatral de Gerome Ragni y James Rado, con música de Gait Mac Dermot, que retrata un Estados Unidos de finales de los años sesenta, con el rechazo de la guerra del Vietnam y el mundo de los hippies, y está interpretada por un elevado número de actores desconocidos seleccionados tras largas pruebas.

«Asistí al estreno de Hair», cuenta Forman, «en el otoño de 1967 en el Public Theatre, una sala off-Broadway. Al final de la representación hablé con los autores para pedirles el libreto y la partitura. Al volver a Praga traté de convencer a los propietarios de varios teatros para montar el espectáculo, pero no conseguí nada. Cuando me vine a trabajar a Estados Unidos, mi primer proyecto de película fue Hair. El guión que escribí para Taking Off en gran medida se inspira en el que había escrito para esta adaptación. Por tanto, no es ninguna casualidad que finalmente haya dirigido la versión cinematográfica de Hair.»

«Hair es un espectáculo extraordinariamente brillante», continúa Forman, «prodigioso en el plano dramático. Sólo había dos formas de adaptarlo honestamente al cine: rodar una representación tal cual o transformarlo totalmente con absoluta libertad. Cualquier solución intermedia hubiese sido mala. Los autores han vivido diez años con Hair, se la saben de memoria y han necesitado cierto tiempo para admitir que no podíamos contentarnos con recrear la obra, para dejarnos hacer una adaptación lo más libre posible. Luego han cooperado mucho, por ejemplo, Gait Mac Dermot, el compositor, ha estado con nosotros durante toda la película: ha hecho las orquestaciones, la grabación y ha estado en el rodaje.» «El primer montaje duraba dos horas y cuarenta minutos», sigue Milos Forman. «He debido eliminar todo lo que no servía directamente a la historia para dejarla en dos horas. He suprimido parte de las escenas habladas, de las de acción, de las cantadas y de las bailadas, con excelente coreografía de Twyla Tharp. Esto no le hace feliz a nadie, a mi el primero, pero es una práctica normal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de octubre de 1979