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CARTAS AL DIRECTOR

La importancia de la nacionalidad andaluza

De un tiempo a esta parte, Andalucía, el andalucismo y el pueblo andaluz en general (dentro y fuera de Andalucía) están siendo blanco de los ataques de ciertos sectores, que de una forma sistemática, unas veces solapadamente y otras de forma directa, ven un llámese «peligro» contra ciertos intereses, que podrían resumirse en capitalismo, centralismo y antagonismo de ciertas zonas privilegiadas de España. Y para ello se ha puesto en marcha una campaña bien orquestada por ciertos partidos políticos de ámbito centralista, aliados con otros afines de otras nacionalidades, que temen, no exentos de razón, el resurgimiento de la nacionalidad andaluza, que, como bien ha dicho recientemente en Morón un dirigente del Partido del Trabajo de Andalucía, se trata de una «nacionalidad emergente».Por eso, no es de extrañar que en un momento clave de la redacción del Estatuto de Carmona hayan surgido las declaraciones del secretario del PSOE en Andalucía, Rodríguez de la Borbolla (declaraciones que a mí se me antojan «impuestas» desde Madrid y «recomendadas» desde Cataluña), en contra del término «nacionalidad andaluza» en el Estatuto andaluz. Luego vienen las declaraciones de la UCD andaluza, como si de un pacto subrepticio se tratara, en contra igualmente de dicho término, y, por último, se define el PCE en Andalucía, aunque más hábil rnente, dejando una puerta entre abierta, con la frase «hoy por hoy, Andalucía no es una nacionalidad».

Las manifestaciones del señor Rodríguez de la Borbolla, que fue quien abrió el fuego de la polémica, se contradicen con las declaraciones de su compañero de partido y actual presidente de la Junta de Andalucía, señor Escuredo, en las que recientemente se autodefinió como andalucista nato y definió a Blas Infante como padre de la patria andaluza, y últimamente, en Casares, afirmando que el Estatuto de Andalucía se situaría en pie de igualdad con el de las otras nacionalidades. En qué quedamos, señores Borbolla y Escuredo. ¿Es Andalucía una nacionalidad o no? ¿Tiene o no Andalucía, una cultura propia, una historia y unas señas de identidad propias para considerarnos con «nacionalidad andaluza»? ¿Qué se va a perder, preguntaría al señor Rodríguez de la Borbolla, si en el Estatuto de Andalucía aparece el término «nacionalidad»? ¿A qué se debe esa vehemencia, impropia de un andaluz, o así me lo parece, para estar en contra de dicho término?

La importancia de la palabra «nacionalidad» (y este es el quid de la cuestión) no se refiere únicamente a la mera terminología que pueda tener en el futuro Estatuto, sino a la contradicción que supone tal término con los estatutos vasco y catalán, y ahí es donde existen unos intereses contrapuestos de ciertos sectores políticos para que dicho término no sea insertado en el Estatuto de Carmona ya que su aceptación representaría un reconocimiento, implícito de la nacionalidad andaluza de aquellos andaluces residente en el País Vasco o Cataluña, pero al mismo tiempo existiría un contrasentido con los estatutos de estas nacionalidades, concretamente en los artículos que tratan de la condición de catalanes o vascos.

Lo contrario, es decir, el no reconocimiento de la nacionalidad andaluza, representaría, para un andaluz residente en Cataluña o en el País Vasco, incluso para aquellos andaluces residentes en el extranjero cuya última vecindad fuera Cataluña o el País Vasco, el dejar de ser, simple y llanamente, «andaluz», aun en contra de su propia identidad y convicción como tal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de agosto de 1979