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Reportaje:

La contaminación, el gran problema de los ríos españoles

Una gran parte de los ríos españoles está contaminada. En algunas provincias, como Vizcaya, la situación es dramática porque la mitad de los cursos fluviales principales contiene elevada carga contaminante. En general, las cabeceras de los ríos españoles presentan muy poca o nula contaminación debida a vertidos urbanos o agropecuarios, que son controlados por el poder autodepurador del curso del agua; los cursos medios sufren ya vertidos no sólo de tipo orgánico, sino industriales, a veces tóxicos, y las aguas están deterioradas de tal manera que sólo actuaciones urgentes y amplias pueden recuperarlos; por último, los cursos bajos alcanzan grados muy importantes de contaminación.

El tema de la contaminación en los ríos es de primordial interés. Icona tiene un informe del medio ambiente, y en sus manos el control de grandes zonas aún sólo ligeramente contaminadas, pero de gran fragilidad por ser cabecerzas de cursos y la posibilidad de recuperación de otras. Sin embargo, con una economía deprimida, con una rentabilidad empresarial poco convencida de la necesidad social de no contaminar, sin ninguna preocupación en los pequeños y medianos municipios por los vertidos de sus aguas residuales a los cauces públicos, sin una Administración con ganas de afrontar el problema -salvando determinados entes y en determinados lugares-, no existe la posibilidad viable de lucha coherente contra la contaminación de las aguas continentales.La situación más alarmante está en Vizcaya. La longitud total de los cursos de agua en la provincia asciende a 1.114 kilómetros. Hace cuatro años, 136 kilómetros tenían la consideración de aguas negras, sin que existiera vida superior, y en 98 se rebasan los índices de calidad mínima exigibles a causa de los vertidos, que provocaron la desaparición de los salmónidos y regulares crisis de mortandad en los ciprínidos.

En la cuenca del norte de Espana, por sus especiales características, convivencia de fuerte industrialización y agricultura minifundista, grandes aglomeraciones urbanas y núcleos aislados de muy bajo número de habitantes, hay tramos de río completamente negros y otros sin apenas carga contaminante. Los cursos que están en peores condiciones son el Urumea, el Oria, el Deva, el Nervión, el Ibaizábal, el Cadagua, el Besaya, el Nalón y el Lagares, que unen a los vertidos urbanos los de todo tipo de industrias.

En la cuenca del Duero los problemas son distintos y derivados de las actividades agrícola y ganadera, la industria localizada en los polos de desarrollo de Burgos y Valladolid y la expansión de las urbanizaciones en las estribaciones norte de la cordillera Central. En general, la parte alta de las subcuencas de los afluentes al Duero no presentan problemas. El Pisuerga es el que más índíce de contaminación presenta y hay que prestar cuidado a las cabeceras del Adaja y Eresma.

La cuenca del Tajo se encuentra contaminada por la industria de los ejes Madrid-Guadalajara y Madrid-Aranjuez, los polígonos de Toledo y Talavera de la Reina, los núcleos industriales de Béjar y Plasencia y el gran núcleo de población de Madrid y su entorno. Sólo no presentan problemas las partes altas de las subcuencas.

En la cuenca del Guadiana, las fuentes contaminantes principales, al margen de los vertidos urbanos, proceden de la agricultura y minería. Las zonas altas presentan problemas por la industria derivada de la actividad vinícola; las medias, por la contaminación que produce la industria crealda a la vera del plan Badajoz; y, las bajas, por las explotaciones mineras en las cabeceras de los ríos Tinto, Odiel, Oraque y Covica.

La cuenca del Guadalquivir se caracteriza por la actividad agrícola sobre la industrial, que está localizada en los entornos de las grandes ciudades. La contaminación de los ríos, al margen del Jándula, que recibe los vertidos del complejo petroquímico de Puertollano, es orgánica.

En la cuenca del Ebro, este río, salvo el núcleo de Reinosa, con su industria metalúrgica, y Santa María de Garona, con su ceritral nuclear, las aguas no están deterioradas hasta Miranda, donde la carga orgánica de la ciudad y la aportada por el Zadorra desde Vitoria, las industrias químicas de Salcedo y las fábricas de pasta química, fibras y azucareras que aporta el Bayas, hacen bajar de forma importante la calidad de las aguas. Los principales aportes de carga contaminante proceden de los ríos Oca, Nela, Zadorra, Najerilla, Iregua, Ega, Arga, Alagón, Arba, Guadalope, Cinca, Segre, Bayas, Tirón y Gállego.

En las cuencas del Pirineo oriental se puede hablar de unos ríos de calidad más aceptable que en la zona norte. El Ter presenta malas condiciones a partir de su primer embalse por los vertidos urbanos e industriales, y el Llobregat se encuentra contaminado porque las industrias de su cuenca hidrográfica vierten sus aguas residuales sin depurar.

En la cuenca del Segura la contaminación más importante está en el tramo del Segura que va desde Cieza hasta la desembocadura por causas orgánicas.

La cuenca del Júcar tiene su principal problema en el peligro de eutrofización de la albufera, al actuar como una gran laguna de aeración y haber aumentado la carga contaminante. Los ríos Vinalopó, Monuegra, Serpín y Magro presentan índices de contaminación elevados.

Por último, en la cuenca del Sur los problemas derivan de la escasez de agua, la gran cantidad de población que necesita consumirla y las necesidades para usos agrícolas. La contaminación queda relegada por la escasez de agua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de abril de 1979