Los ganaderos comunican a los empresarios la subida del precio de las reses

En la reunión que celebraron representantes de los ganaderos con los del estamento empresarial, aquéllos manifestaron su propósito firme de subir el precio de los toros en un 40% por corrida (en Madrid quizá sea el 60%). Y, al tiempo, alertaron a los empresarios del riesgo que puede tener embarcarse en la aventura de los cánones astronómicos cuando acudan a las subastas de las plazas, sobre todo las de Madrid y Valencia.«Luego no vengáis con el argumento de que pagáis tanto por el arrendamiento que os es imposible aceptar el nuevo precio de las reses. Ahora estáis a tiempo de hacer vuestros cálculos, y en ellos debe entrar la subida que planteamos, porque ésta es absolutamente necesaria. Nadie dirá que no os hemos advertido.»

El torero, por poca calidad que tenga, si está en activo y se le ha admitido en el escalafón de matadores de alternativa, debe ganar lo suficiente para vivir. Estas dos razones lo apoyan: es protagonista del espectáculo y se juega la vida. El ganadero, que aporta el otro protagonismo básico, el toro, tiene que obtener una rentabilidad sustancial de esta actividad. Si su explotación ganadera está dedicada, en exclusiva, a criar una res selecta por casta y por trapío, para que pueda celebrarse el espectáculo, nadie tiene derecho ni siquiera a sugerirle que lo haga con saldos negativos.

Algunos ayuntamientos, sobre todo de núcleos de población pequeña, cuyas fiestas patronales se fundamentan principalmente en las corridas de toros (es más: sin tales corridas no hay fiestas) exigen a los empresarios un dineral por el arrendamiento del coso, y resulta que, a la postre, parte de esos ingresos, o la totalidad de los mismos, los destinan a cubrir los déficit que supone la contratación de artistas (cantantes, orquestas, etcétera) para otros espectáculos complementarios que programa la comisión local de las fiestas.

Por supuesto que a los ganaderos hay que exigirles el toro de casta y bien criado, y es intolerable que envíen saldos como se han visto en bastantes plazas. Pero tienen toda la razón al reivindicar que se les pague por sus productos lo que es justo. Si la fiesta es un contrasentido total, en lo que se refiere a organización, no tienen que ser ellos quienes sufran las consecuencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de diciembre de 1978.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50