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Las concepciones morales y sociales de Rousseau

Coloquio internacional de La Rábida sobre el bicentenario de la muerte del filósofo francés

El profesor Clement, de la Universidad de Lausana, disertó en la jornada de ayer, cuarta del coloquio internacional sobre el bicentenario de la muerte de Rousseau, que se celebra en la Universidad de La Rábida, sobre el «Yo dividido y el nacimiento de un sistema». Empezó por afirmar que Rousseau es un personaje múltiple imposible de reducirlo a la unidad. ¿Qué es el mal para Rousseau? Conoció por experiencia propia lo que era el mal y lo sintió. También en su Discurso y en el Emilio discutió sobre el origen del mal.

En este sentido, el conferenciante narró la historia familiar: el padre que vuelve de Constantinopla, la madre que muere cuando él nace; su hermano, un humilde relojero. Llama la atención que Rousseau no quiera hablar mucho de su hermano, que desaparece misteriosamente en Alemania y que no vuelve a hablar de él. Es muy significativo que cuente que intentó proteger a su hermano contra los golpes de su padre para demostrarle su afecto. El hermano es el origen del sentimiento de culpa en Rousseau. La esencia de un ser está en la mirada, en ese mirar que es un vivo reproche. Los ojos, decía Sartre, nos acusan porque nos desnudan y objetivan. Rousseau nace como una maldición al morir su madre y se comprende que sienta el mal como viniendo de la contingencia interna. Esta desdicha se reflejaba en la muda mirada de odio de su hermano Francisco. Fue Rousseau un niño amado y odiado. El mal se concentra en esta relación ambivalente de odio y amor que se crea entre su hermano, él y su padre. Así coexiste durante toda su vida el sentimiento de culpa y de inocencia. Más tarde, como su infancia fue feliz, estuvo siempre cuidado y protegido por su familia, el sentimiento de culpa se diluye.En sus Confesiones aspira a idealizar la infancia y hecha la culpa del mal a la entrada en sociedad, mintiendo deliberadamente porque era precisamente al revés. El sentimiento de culpa se revela también por los efectos de sus fracasos amorosos. Rousseau nunca intentó una conquista, se negaba a amar y esperaba ser amado. Fue siempre un ser pasivo. El Yo dividido gira entre el sentimiento de culpa y de inocencia. Su vida familiar tuvo siempre una apariencia armoniosa. Al perder a su madre, su tía Susana la reemplaza, y la sexualidad queda al margen de la familia. Idealiza, pues, el amor. Es en el exterior en donde nace el deseo sexual. Quiere Rousseau la opacidad de su cuerpo y conservarse asexuado, pero el que quiere ser ángel termina en bestia. Así nacen sus perversiones sexuales y su sadomasoquismo. Es la familia idealizada la que crea su represión sexual. De esta forma, surge por la represión de la estructura familiar su puritanismo moralista, la apología de la virtud.

Rousseau vivió dividido entre el mal, que estaba en él sin explicárselo, y su inocencia. Luego llegó a la conclusión que el mal procedía del exterior, de la corporeidad, el mal era extraño a su naturaleza, pero al nacer se introdujo la maldición. Hay un episodio significativo en la vida de Rousseau cuando este ser pasivo reacciona ante una injusticia con violencia y golpea con furor. Así se libera de la culpa, reivindica su inocencia y se afirma a sí mismo. La violencia del ataque contra la sociedad que recorre toda su obra es una forma de demostrar su inocencia, echarle la culpa de su sufrimiento. La vehemencia de sus discursos revela que la energía interior comprimida y reprimida se expresa libremente en su sistema filosófico.

El origen del mal es lo que ocupa y preocupa a Rousseau durante toda su existencia y no su naturaleza. El mal existe en él y en los otros. Es una creación social artificial y, por esta razón, dirige todo su rencor hacia el mundo exterior para crear una sociedad buena y justa. Sin embargo, subsiste siempre en su obra esta antinomia de culpa exterior y de inocencia paradisiaca, bipolaridad que da origen a todo su sistema.

Por la tarde, disertó el profesor Guido Formi, profesor de la Universidad de Bolonia, sobre Política y psicología en Rousseau. El profesor Formi afirmó que la sociedad del contrato social no correspondía a la democracia moderna capitalista. Rousseau confirió la historia como un progreso al revés. El mundo para Rousseau está condenado a descomponerse y a degenerar. Rousseau tiene una filosofía de la historia pesimista. No cree que la Humanidad marche a una sociedad futura más perfecta. Sólo son verdaderas y justas las sociedades primitivas, limitadas, basadas en el equilibrio de la pequeña propiedad bien repartida. Una sociedad es feliz cuando no hay ricos excesivos ni pobres miserables. Rousseau no predica el progreso técnico ni el económico, sino, al contrario, la lentitud del desarrollo social. Por esta razón se opuso a las tesis del industrialismo inglés y se declaró contra la libre competencia y el naciente capitalismo. También se pronunció contra el lujo para defender la sociedad igualitaria. La sociedad del contrato social es estática, sin perspectivas de desarrollo y libre competencia ni mercado capitalista. Rousseau se opone al interés privado del capitalista para defender el interés general del colectivo. Quería detener el progreso para salvar la igualdad, pues el progreso destruye la naturaleza humana. Tampoco creía Rousseau en revoluciones salvadoras sino en la decadencia progresiva de Europa y del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 1978