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CARTAS AL DIRECTOR

Lemóniz, Euskadi y la energía nuclear

Por primera vez leo en su periódico algo escrito con sensatez acerca de la central nuclear de Lemóniz. Me refiero al editorial del número correspondiente al domingo 19 pasado, titulado «El atentado de Lemóniz».Sin embargo, ha tenido que correr la sangre ya tres veces hasta que pueda leerse un editorial ecuánime sobre el tema. Estoy totalmente de acuerdo en que es hora de que el Consejo General vasco tome posición sobre el problema, que los grandes partidos vascos condenen esos sucesivos atentados de ETA, «cometidos al albur de los intereses de la propaganda y para exacerbar los ánimos, en un supremo intento desestabilizador», según frases del mencionado editorial.

Pero, si somos sinceros, habremos de reconocer que a esa exacerbación de ánimos contrarios, no sólo a Lemóniz, sino a cualquier atra central nuclear, ha contribuido y contribuye poderosísima y fundamentalmente cierta prensa, entre la cual su periódico no es, precisamente, una excepción. Sí, los periódicos, no todos afortunadamente, en vez de dedicarse sistemáticamente a destacar exclusivamente los aspectos negativos del aprovechamiento de la energía nuclear centraran el problema en su justo medio, sin afán de sensacionalismos, formando a la masa de lectores (lo cual debería ser uno de los prinipales objetivos de la prensa), informándose concienzudamente antes de verter tanta aberración y seleccionando los artículos y sus autores sobre temas de tanta trascendencia social, probablemente el pueblo vasco no habría gritado en Vitoria el día esa tremenda insensatez de «ETA Lemóniz, goma-dos» que, al final como siempre, se ha vuelto contra el propio pueblo. Porque es el pueblo el que paga en su carne los resultados de tanta ignorancia alentada por todos los medios posibles. Pueden estar seguros los autores de las tres muertes ocurridas en Lemóniz que a Iberduero y al capital que la sustenta no los van a detener; tal vez no construyan más centrales nucleares en el País Vasco, pero lo harán en otros lugares, contribuyendo a proporcionar medios de vida, pujanza y puestos de trabajo a otras regiones con visión de futuro más inteligente.

De siempre, la ignorancia fue atrevida. Es curioso que la provincia cuya capital pasa por ser una de las ciudades más sucias de Europa se rasgue las vestiduras a manos de sus ecologistas. ¿Saben acaso esos puritanos del medio ambiente que, probablemente, nunca tengan en esa industriosa región una industria más limpia que una central nuclear? Pero ¿se ha molestado siquiera uno de ellos en entender qué es y cómo funciona el reactor y el resto de los sistemas que integran una central nuclear? Por lo visto, tienen bastante con propalar términos aterrorizantes, mencionando las dosis letales de inhalación de plutonio, terribles explosiones del reactor, como si éste tuviera algo que ver con una bomba atómica, y mil aspectos más, todos negativos, sobre los que cualquiera se permite opinar sin saber lo que dice.

Es curiosa también la vigencia del artículo de Julián Marías en esas mismas columnas. Calumnia, que algo queda. Ahí queda la espiral de violencia, de desconfianza, de terror, creada insensatamente alrededor de la energía nuclear que, se quiera o no, es la principal de que dispondremos para generar electricidad en un futuro no lejano.

¿Acaso se frenó la expansión de los ferrocarriles porque hace un siglo otros ignorantes pensaron que las locomotoras eran máquinas infernales, impidiendo, incluso su paso por muchas localidades?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 1978