Setas alucinantes
En el número de 29 de marzo se publicó una información sobre el consumo por la juventud inglesa de setas recogidas en campos y jardines, al parecer, con efectos alucinantes. En los titulares y en el texto se habla repetidamente de champiñones alucinógenos y pienso que la noticia viene a través de una agencia francesa y el original diría champignons hallucinogenes.La traducción me parece tan pedestre como errónea: en francés, champignons se aplica a cualquier clase de setas y todos los libros sobre ellas se inician con esa palabra, mientras en España sólo llamamos champiñón a contadas setas, a las especies comestibles del genero Psalliota, vulgarmente llamadas setas de campo, tanto espontáneas como cultivadas, y a éstas llaman los franceses champignon de couche. Tan disparatado considero escribir champiñones alucinógenos, como la noticia que dio la prensa sobre la familia de un famoso corredor ciclista español que se había intoxicado en Francia ¡con champiñones venenosos!
Las setas que tienen la facultad de producir alucinaciones pertenecen a algunas especies, raras en Europa, de los géneros Psilocybe, Panaeolus y Stropharia, que pueden verse descritas en el autorizado libro de Roger Helm Les champignons toxiques et hallucinogees (París, 1965). La información asegura que en las islas Británicas crecen, al menos, media docena de especies con propiedades alucinantes y el dibujo que la acompaña parece un Psilocybe semianceata; personalmente tengo mis dudas y pienso que alguna seta inocua puede producir psicológicamente los efectos buscados de euforia y poderío, pero esto nos llevaría muy lejos. Existe una especie muy abundante en España y de gran belleza, la Amanita muscaria, con su sombrero rojo salpicado de motas blancas (la clásica seta de los cuentos infantiles), que produce alucinaciones y envenenamintos;
A lo que alucina o produce alucinaciones se le llama en castellano alucinante, y es palabra que se emplea a diario en la conversación y en la prensa para algunas realidades político-sociales, sin que a nadie se le ocurra llamarles alucinógenas. En la última edición del Diccionario de la Real Academia Española (Madrid, 1970) no figura esa palabra, aunque creo que fue admitida en alguna sesión posterior de la Academia.
Cuando lo que alucina son las setas, no se me alcanza por qué tenemos que emplear ese descarado galicismo o anglicismo;


























































