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TEATRO

Estreno de "Alicia en el París de las maravillas", de Miguel Sierra

La primera obra teatral del escritor Miguel Sierra, Alicia en el París de las maravillas, se estrenó anoche en el teatro Lara, bajo la dirección de Angel García Moreno, interpretada por Pedro Civera, Lola Herrera, Rafaela Aparicio, Celia Castro, Emilio Fuentes y Carmen Utrilla.

Miguel Sierra, natural de Zaragoza, ha vivido durante diez años en diversos países europeos, siendo París su última residencia, donde tuvo oportunidad de conocer los problemas de los emigrantes españoles, tema central de su obra. Ha publicado De octubre al mar, novela finalista del premio Nadal 1967, y tiene inédita Un largo camino cerrado. Además de la obra estrenada ha escrito María, la mosca y El sexto día.«Tras diez años de silencio, con mis obras bajo el brazo -declaró a EL PAÍS Miguel Sierra-, ya empezaba a desesperar, al no decidirse los empresarios a montarlas. A causa de todas estas dificultades, me volqué en la novela, aunque ya el autor de teatro estaba en la novela. Cuando se hace referencia a los problemas de los autores españoles, creo que la gente que vive del teatro está un poco viciada. Los empresarios buscan obras de éxito en el extranjero, pero aquí hay verdaderos autores de teatro, y lo van a demostrar muy pronto, al escribir con libertad.»

«Mi teatro es un teatro de la comunicación -añade-. No podemos seguir con el teatro de la incomunicación, que es un camino terminado. El ser humano está hecho para comunicarse y hay que interesarse por los problemas actuales. Creo que mis personajes son un poco esos seres marginados que intentan meterse en la sociedad.»

En Alicia en el París de las maravillas el autor presenta la historia de una familia de emigrantes españoles que vive en Francia. «He sido emigrante durante varios años y conozco muy bien sus problemas, que aquí son absolutamente desconocidos, y cuando se ponen sobre un escenario se hace de una forma arquetípica. Mi obra no ofrece soluciones, yo digo lo que pienso y después que el público opine. Las tesis son casi siempre incompletas. La obra presenta el esfuerzo de los emigrantes por integrarse en la sociedad, pero con un tratamiento desenfadado y tierno, sin añadir más tragedia. La historia es lineal, con algunas sorpresas en el tema. Creo que el teatro tiene que volver a la situación y al problema.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de marzo de 1978