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Editorial:

La democracia, amenazada

LA ESCALADA de la violencia que afecta al país, agravada con el criminal atentado terrorista contra la revista El Papus, ha motivado que la prensa catalana haya publicado ayer un editorial común, que a continuación reproducimos como muestra de solidaridad. EL PAIS hace suyos estos argumentos y exigencias. Tan sólo se ha variado un inciso para extender su significado del ámbito catalán al de toda España:«Barcelona y Catalunya -y España entera- quedaron consternadas ayer tras el criminal atentado a los locales de Editorial Amaika, sede de las revistas El Papus, Party y El Cuervo, en el que perdió la vida el conserje del edificio y resultaron heridas otras personas.

Como en ocasiones anteriores tras hechos de este tipo, diversos medios informativos han recibido llamadas por las que algunas organizaciones de trayectoria terrorista han reivindicado los hechos.

En cada caso, y también ahora, la prensa democrática ha mostrado su unánime reacción de condena por unos hechos criminales que implican unas tácticas absolutamente alejadas de lo que puede contribuir a la convivencia ciudadana.

Los atentados de derecha e izquierda hoy en día tienen el objetivo común de cerrar el paso al proceso democrático que se ha iniciado en nuestro país. Basta echar una ojeada a lo que ha sido el último mes para advertir que desde determinados sectores de extrema derecha se pretende crear un clima de intranquilidad que impida la consolidación de la, democracia. Algunas veces adopta la forma de manifestaciones callejeras, incontroladas, nunca numerosas, con el objetivo de sembrar el miedo en las calles de la ciudad.

Pero los intentos desestabilizadores de la realidad española no siempre adoptan la forma del puro terrorismo, sino que en esta línea también sabemos constatar hechos paralelos como las sospechosas caídas en vertical de la Bolsa, algunos expedientes de crisis poco justificados en determinadas empresas y ciertas campañas de boca a oreja muy difundidas en determinados medios que nos recuerdan lo que fueron las famosas huelgas de las cacerolas chilenas antes del golpe de Estado. En definitiva, todo ello parece formar parte de una operación de amplia envergadura que no sólo atenta contra la estabilidad del Gobierno, sino contra los mismos cimientos del Estado democrático.

Es obligación del Gobierno que ha dirigido la transición hasta los momentos actuales no sólo garantizar la tranquilidad de los ciudadanos, sino salvaguardar los avances obtenidos y consolidar hasta el final el proceso democrático. Por ello sorprende que continúen en la impunidad diversas organizaciones de distinto signo que . en repetidas ocasiones han reivindicado hechos terroristas como el que hoy nos ocupa. ¿Por qué no han sido desarticulados?, ¿quiénes son sus dirigentes?, ¿quiénes los financian?, ¿quién les ayuda por acción o por omisión?

La auténtica democracia no se traduce sólo en bonitas y sugestivas declaraciones de principio. En nuestro caso, se necesita, además, dado que partimos de un Estado autocrático, extirpar dentro y fuera de la Administración las posibles estructuras dictatoriales que aún perviven en el actual período. El ciudadano exige que en estos momentos las fuerzas de orden público, tan eficaces durante la época franquista a la hora de ahogar cualquier brote de heterodoxia, muestren aquella misma efectividad para neutralizar a los enemigos de la democracia, y que hoy lo son también de la Corona.

La gravedad de los hechos hace que el problema tras cienda de la competencia del Ministerio del Interior para convertirse en un auténtico problema de Gobierno. Si éste no adopta posturas firmes y eficaces, puede ver cómo el país entra en una imparable espiral de violencia, en una argentinización que parecen propiciar quienes suspiran con nostalgia por situaciones anteriores.

No es casualidad el hecho de que Barcelona haya sido escogida en estos momentos como punto neurálgico de la escalada terrorista. Si hubo que registrar hechos parecidos en Madrid durante las fechas anteriores al referéndum y a las elecciones, ahora se producen aquí cuando Catalunya está a punto de obtener en las próximas fechas una Generalitat provisional, que sería un paso importante hacia la devolución de sus instituciones autonómicas. Si el referéndum fue la puerta de acceso hacia la democracia, la Generalitat, no cabe duda, significa un importante jalón hacia su consolidación.

Sólo esto explica que las fuerzas extremistas interesadas en frenar este proceso lo intenten dinamitar con tan miserables recursos.

Cabe pensar que el objetivo de esta acción criminal ha sido una empresa periodística porque la libertad de prensa, con la pluralidad de opiniones que ello propicia, es un elemento fundamental de la auténtica democracia. Por ello, colectivamente, los diarios de Barcelona condenamos tales hechos terroristas y exigimos medidas eficaces de Gobierno para descubrir a los culpables y terminar con esta grave situación que amenaza al país.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de septiembre de 1977