Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

España ante la OTAN

EL PAIS ya ha expuesto su opinión (ver editorial del 12 de mayo) sobre la necesidad de que el Gobierno se ponga a la tarea de clarificar sus ideas sobre el tema de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Pensamos que es útil exponer hoy las líneas maestras de algunas de las alternativas que se han barajado hasta ahora. Son éstas:1. España podría participar en la organización defensiva, pero no suscribiría el tratado de Washington. Se trataría de gozar de las ventajas militares, pero sin el inconveniente político de adscribirse a una alianza de países de democracia parlamentaria inspirada en el liberalismo.

Esto equivaldría a la prestación militar sin participación política. Proyecto inaceptable para España.

2. Suscribir el tratado, pero no entrar en la organización, como se dice que hace Francia. Proposición inaceptable para la OTAN. Francia sigue en los consejos de la alianza porque militarmente podría convenir un día, a ambas partes, la plena reintegración militar. Sobre todo, Francia ha salido de la organización militar, y España tendría que entrar en la alianza.

3. Continuar con el acuerdo de cooperación con Estados Unidos, y buscar por ahí la conexión con la OTAN, como prevé el tratado con ese país. Respuesta: el tiempo hará que esta fórmula se acerque a la primera. Estados Unidos está más interesado en una solución global tipo OTAN para España que en una solución bilateral. Es más, Estados Unidos puede perder interés por España, y, aunque hoy parezca imposible, incluso por Europa.

4. Desentenderse de Estados Unidos y de la OTAN, a un tiempo. Hay dos variantes de esta fórmula: a) neutralísmo activo, como si España fuese un país no alineado, desolidarizado del mundo occidental, y b) neutralidad, como Irlanda, que es miembro de una organización occidental, la CEE, pero no es miembro de la OTAN ni tiene tratado con Estados Unidos en materia defensiva.

La variante del neutralismo activo impondría presiones elevadísimas de tipo político y económico sobre la máquina social española: supondría cortar los lazos con Europa occidental, en las grandes cuestiones internacionales. requeriría una defensa costosísima de la soberanía nacional, ya que habría que defenderse «a tous azimouts», en todas las direcciones.

En cuanto a la variante «irlandesa», España no es un país estratégicamente marginal como Irlanda, sino crucial, y es a ella a quien corresponde protagonizar la estructuración de sus propios mecanismos de seguridad.

Nos quedan por analizar las ventajas de la quinta de las alternativas: la entrada de España en la organización militar, después de haber firmado el tratada de Washington. Estas serían las consecuencias:

1. España participaría en, y se sentiría protegida por una alianza, forzada a la solidaridad en caso de conflicto general.

2. España podría contar con un incuantificable, pero apreciable respaldo político y diplomático, en el caso de un conflicto particular con un país ajeno al área de la OTAN.

3. España, dentro de la OTAN, podría dimensionar su esfuerzo defensivo, de acuerdo con la previsión de todas las contingencias.

4. La alianza podría servir de marco para la conciliación o negociación de problemas importantes y complicados, como el de la CEE, o un acuerdo para Gibraltar.

S. La alianza permitiría la definición y reconocimiento colectivo de responsabilidades militares específicas, en favor de España, especialmente en el área del Mediterráneo occidental y del Estrecho

No obstante es prematuro emitir una opción clara a este respecto. Otros factores internacionales influirán además en la decisión. La prensa norteamericana se ha hecho eco estos días de los esfuerzos y presiones económicas que estaría llevando a cabo la Unión Soviética para impedir un próximo ingreso de entrada en la OTAN. Diplomáticos y funcionarios soviéticos acreditados en Europa occidental han expresado sus reservas al respecto en una línea de opinión que por lo demás no aporta nada nuevo a la tradicional política del Kremiin. Pero si un cambio de situación en Yugoslavia -muerte de Tito- atrajera este país hacia la órbita del Pacto de Varsovia es de suponer que el empeño estadounidense por incluir nuestro país en la OTAN crecería enormemente. También la disposición de fuerzas e influencias en el norte de Africa y las relaciones entre Marruecos -prooccidental- y Argelia tendrían repercusiones en la posición defensiva y estratégica de España.

Lo que es urgente en cualquier caso es cenocer el pensamiento oficial al respecto y acabar con este absurdo silencio gubernamental que esperamos no sea fruto ni de la ignorancia ni de la ausencia de un pensamiento de Estado respecto al papel internacional de España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de mayo de 1977