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Crítica:CINE

Una reflexión ácida y machista

Jules Feiffer es un autor conocido de todo el mundo por su actividad como guionista y dibujante de historietas satíricas, a veces de intención política, las más con una clarísima visión crítica del sexo, el compromiso y la responsabilidad del ciudadano norteamericano de hoy. Sus tiras tienen un encanto único, hecho posible por un magnífico dibujo y unos textos espléndidos, con ironía desacostumbrada en el medio y un alcance que va mucho más allá del simple entretenimiento más o menos divertido.Conocimiento carnal es una transposición al cine de las ideas de este columnista gráfico, una reflexión ácida y machista -en el mejor sentido de esta palabra, si es que tiene alguno bueno- sobre la suerte de unos adolescentes universitarios que, inevitablemente, se empeñan en envejecer y relacionarse insistentemente con las mujeres de su edad. El título es suficientemente expresivo de las intenciones de la obra, pero la malevolencia celtíbérica -es sabido que los hombres de este país no pensamos más que en una cosa- puede viciar su exacto entendimiento. Los personajes pueden ser patéticos y discutibles, pero nunca muñecos diseñados para ostentar un sexo apremiante. Las abundantes relaciones sexuales están planteadas y contadas desde una óptica realmente adulta y no necesariamente famélica. Nada más lejos de los tristes y anticoncupiscentes desnudos y coitos de nuestro cine predemocrático que esta historia de hombres y mujeres ávidos de realizarse vitalmente, y no sólo en el único sentido del término, sino en un auténtico conocimiento carnal que les lleve a otros saberes finales.

Conocimiento carnal (carnal Knowledge)

Escrita por Jules Feiffer. Dirigida por Mike Nichols. Fotografiada por Giuseppe Rotunno. Intérpretes: Jack Nicholson, Candice Bergen, Arthur Garfunkel, Ainn Margrely Rita Moreno. Estreno, en V. O., en Galileo.

Mike Nichols no era, quizás, el director ideal para realizar esta historia, que adopta la forma comedia para no acabar en farsa trágica, pero tiene el buen hacer suficiente para no estropearla, y la capacidad para entender sus planteamientos generales sin falsearlos. Los actores -inesperado Garfunkel, que trae una presencia insólita, sin canciones- están espléndidos, sobre todo Jack Nicholson. Las mujeres están a la altura de sus compañeros -lo que ya es raro, en un cine masculino-, y la sorpresa la da, sobre todo, Ann Margret, en una actuación que está al borde de la autoparodia, mientras la siempre excelente Rita Moreno soprende en un papel poco agradecido, en el que demuestra su clase excepcional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 1977

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