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El presidente brasileño suspende el Parlamento

El presidente brasileño, Ernesto Geisel, ha decretado la suspensión del Parlamento. La decisión fue tomada después de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, tras haber sido rechazado por la oposición un proyecto de ley de reforma judicial. La medida del presidente Geisel ha sido adoptada en virtud de los poderes especiales que le ha conferido el régimen militar, y que le permiten gobernar por decreto.

La última vez que se suspendió el Congreso fue en 1968, cuando se negó a levantar la inmunidad parlamentaria de un diputado al que se acusaba de insultos a las Fuerzas Armadas. En Brasilia se coincide en señalar que ésta es la crisis política peor que ha afectado al país en los últimos diez años. El general Geisel se dirigirá a los brasileños por radio y televisión para explicar las medidas adoptadas.

Con la llegada de Geisel al poder, en 1973 comenzó un período de ligera apertura, autorizando incluso una organización política de oposición que se concentró en el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) que vencería en las elecciones del mes de noviembre de 1974. A partir de entonces, el Gobierno militar volvió a una etapa de mayor represión, con la perpetuación del estado de excepción.

En noviembre del año pasado, volvieron a convocarse comicios municipales y el MDB resultó ganador en las principales poblaciones del país, con lo que se dibujaba como la formación que frente al partido gubernamental tendría grandes posibilidades de resultar victorioso en las elecciones legislativas que han sido anunciadas para 1978.

El último éxito del Movimiento Democrático en noviembre pasado, coincidió con una airada protesta de la Conferencia Episcopal por la impunidad en que policías y soldados habían cometido asesinatos y diversos actos de tortura.

A principios del presente año, los empresarios brasileños también se enfrentaron al Gobierno, a quien reclamaron un régimen democrático que pusiera fin a la actual crisis económica por la que atraviesa el país, tras el fracaso del boom registrado entre los años 1969 y 1972.

La nueva acusación de los empresarios planteó el problema de que el régimen perdía el apoyo de los estamentos que en principio estarían dispuestos a colaborar y estaba cada vez más aislado por parte de amplias capas de la población.

Sin embargo, los intentos de una mayor flexibilización del sistema han acabado en un fracaso porque el Gobierno bajo tutela militar está sometido a tantas disensiones internas que le inmovilizan de cara a conseguir una paulatina normalización democrática del régimen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de abril de 1977

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