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"Camada negra" una película sobre el comportamiento fascista

Manuel Gutierrez, director cinematográfico

«Camada negra se plantea como un cuento, con una estructura de leyenda, como suelo hacer en mis guiones, cuando puedo y me dejan», declaró a EL PAÍS Manuel Gutiérrez, director y guionista cinematográfico que ultima los preparativos del rodaje de su última, por ahora, película.

«Creo que la estructura de los cuentos, de alguna manera, se ha ido cristalizando a través del tiempo y las causas de esta vigencia, de la permanencia de su validez, habría que buscarlas, a mi juicio, en el hecho de que el cuento ha logrado construir una manera narrativa autónoma».-¿Se puede sintetizar, a un nivel reflexivo, Camada negra?

-Pues es un filme sobre el comportamiento fascista. En definitiva se trata de dar las razones internas del comportamiento de un joven fascista. Llevado al terreno de los cuentos se podría explicar como un intento de explicar las razones del «lobo».

-La utilización de definiciones como «fascista» ¿presupone que la película es directamente política?

-No quiero que sea una película «política», como se entiende habitualmente, aunque no tengo la menor duda. de que películas como La Cenicienta es profundamente política,

-Manuel Gutiérrez, además de dirigir la película Habla mudita, en 1973, es autor de los guiones de Corazón Solitario, Furtivos y Las largas vacaciones del 36, dirigidas por Francisco Betriú, José Luis Borau, y Jainie Camino, respectivamente, películas -sobre todo las dos últimas- que se han convertido en grandes éxitos comerciales. ¿Existen grandes diferencias de método de trabajo cuando lo hace Fiara otro director y cuando escribe para dirigirlo usted mismo?

-Yo pienso que un guionista es como una prostituta, es decir, que realiza un trabajo que tiene que agradar al cliente. Lo más que hago es elegir al cliente y ser una prostituta cara. En cambio, cuando escribo para dirigir yo, tardo mucho más. me vuelvo un poco loco y siempre acabe) llamando a alguien para que me ayude a terminar la historia. En es le caso concreto, el guión lo firma también José Luis Borau, productor de la película.

-¿Tiene guiones escritos que no se han llegado a firmar? Sí, sí. Con José Luis García Sánchez he escrito cerca de diez guiones que nunca se han llegado a rodar. Creo que es porque se adelantan en diez años al panorama cinematográfico actual.

Reconocer la propia obra

-Imagino que existen serias diferencias entre la idea que tiene de la película que escribe para otro y la plasmación de esa historia por parte del realizador. ¿Se identifica con los resultados finales de sus guiones?-No me identifico en nada. Absolutamerite en nada, con ninguno de los guiones que he escrito para otros. Desde que hice la última película, Habla mudita, hace tres años, he rechazado cuatro o cinco películas que no estaban muy mal, pero que sin embargo, no eran ideas mías. A la hora de dirigir necesito que la idea surja, al menos inicialmente, de mí mismo.

-¿Continuará escribiendo guiones para otros realizadores?

-Bueno, ocurre que necesito una plataforma, siquiera sea mínima, en la industria cinematográfica y en mi caso, esa plataforma es escribir guiones. Quiero aclarar también que no me siento un «profesional» del cine, ni de los guiones, pero que mientras subsista el concepto actual del «artista», como sujeto separado, distinto, «otro», lo utilizaré. Lo que sí anhelo es que el concepto del «artista» se transforme en algo más colectivo. Cuando no existan las dualidades director-guionista o productor-director, cuando el trabajo sea realmente colectivo, lo aceptaré gustosamente..

-Manuel Gutiérrez está terminando la adaptación de un espectáculo basado en obras de Strindberg, cuyo montaje teatral es de Miguel Narros. ¿De qué se trata?

-Pues estoy adaptando Sonata de espectros, pero también Camino de Damasco, El sueño y Danza Macabra. La base es la Sonata, pero existen infiltraciones, en el sentido más innoble de la palabra, de las otras obras.

-¿Por qué Strindberg?

-Creo que él ha intuido la lucha que hay entre los sexos, entre el marido y la mujer, y que esta lucha es tan potente y real como la lucha de clases entre el amo y el esclavo. Tras mucho rastrear en sus obras he encontrado incluso la terrible injusticia entre el maestro y el alumno (¿Con qué derecho el maestro enseña sabiduría?). Hay una frase de Strindberg que me impresionó mucho: «Yo prediqué la revuelta y lo único que conseguí es que los necios se rebelaran contra los sabios », frase que me fascina porque a lo mejor las razones de los necios eran mucho más rebeldes que las razones de los sabios. Sobre esta paradoja se monta el espectáculo, que se llamará Strindberg Opus 3.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de septiembre de 1976